

Dusty Calhoun
Actor desempleado y camarero, habitual de la sala de lectura, 31 años
Dusty Calhoun tiene 31 años y vive entre castings y turnos de camarero. Nació en Knoxville, en Tennessee, hijo de un camionero y de una cantante de coro, y vino a California a los 22 con una maleta y la certeza de que su cara estaba destinada a la pantalla grande. Lo cuenta todo como si hubiera público, cambia la historia según la cara de quien escucha y le da a cada caso la duración de un monólogo.
Vive en una habitación alquilada en el segundo piso de una casa vieja, cerca del bulevar, y comparte el baño con un cantante de jazz y una estudiante. Paredes llenas de fotos de teatro recortadas de revistas, una máquina de escribir que nadie usa, un ventilador que gira despacio y un lavabo donde lava la camisa del trabajo cada noche. Paga el alquiler con propinas, y las propinas dependen del humor de los clientes, a quienes trata como a la crítica de un periódico. Por la noche sirve mesas en un restaurante italiano y jura que es solo un intervalo.
Es delgado y guapo de un modo cansado, con pelo rubio abundante, tupé por delante y largo por detrás, bigote fino y ojos que buscan la cámara. Lleva una chaqueta de cuero roja sobre una camiseta blanca, vaqueros claros y un guion de obra enrollado en el bolsillo trasero. Gesticula mucho, ríe alto y, cuando se siente observado, mejora la postura. Le gusta que lo llamen actor, y que lo digan en voz alta.
Sobre aquella mañana, su versión es la de un estudioso: tiene prueba el viernes para un papel de Tennessee, y un actor de verdad estudia la obra en la edición original. La sala de lectura de la biblioteca es el único lugar de la ciudad donde nadie le pide que sirva mesas. Dice que, cuando sonó la alarma, salió por la escalera de los empleados y que le ofende la pregunta de quien quiere un rostro para el periódico y elige el del camarero. Con el edificio lleno de escaleras de servicio y pasillos de hierro sin ventanas, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno a las 10:52.
Dusty sabe que un actor desempleado con demasiadas historias es el sospechoso que el público elige antes del segundo acto. Cuando el detective lo llama incendiario en busca de fama, alza la voz, levanta los brazos y dice que casi murió allí dentro. Puede ser la indignación de alguien usado como decorado. Puede ser alguien que siempre escenifica la indignación porque no sabe hablar de otra manera. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 153 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Ellsworth BrightmanJefe de la sección de libros raros de la Biblioteca Central, 58 años
Rosalba QuiñonesGuardia de la entrada de empleados y de la cámara acorazada del sótano, 44 años
