

Ellsworth Brightman
Jefe de la sección de libros raros de la Biblioteca Central, 58 años
Ellsworth Brightman tiene 58 años y, desde 1961, trabaja en la biblioteca, donde entró catalogando fichas y llegó a jefe de la sección de obras raras. Nació en Boston, hijo de un profesor de latín y de una pianista de iglesia, y vino a California a los 25 por un problema de pulmón que el médico atribuyó al clima de la costa este. Nunca se fue, ni dejó de hablar del invierno de Massachusetts con un suspiro. Habla de los libros como si fueran parientes y de los lectores como si fueran visitas inoportunas.
Vive solo desde que su mujer se mudó a Oregón, y cultiva rutinas como quien cultiva plantas: se levanta a las seis, toma café flojo, coge el autobús 7 hasta el centro y almuerza todos los días en la misma cafetería de barra, frente a la biblioteca, en el mismo taburete de cuero agrietado, donde la camarera llega con la tostada de centeno antes de que pida. Lee novelas de aventuras del siglo XIX por la noche y dice que el presente es una edición mal hecha del pasado. El sueldo de funcionario es el tema que menos soporta.
Es alto y encorvado, de rostro largo y pálido, pelo canoso peinado hacia atrás con brillantina y gafas de leer de media luna colgadas de una cadena. Lleva un traje marrón de tres piezas, algo raído, y pajarita, y tiene los dedos amarillentos de nicotina, con un cigarrillo apagado casi siempre entre ellos. Es erudito y ceremonioso, pronuncia el nombre de cada autor con un cuidado que roza la reverencia y trata al detective de señor como quien concede un favor.
Sobre el día del fuego, su versión es la de un hombre de luto: perdió sesenta años de lectura, novelas que ya nadie imprime, revistas que solo la biblioteca guardaba, y pensó que veía un entierro cuando el humo salió por la torre. Dice que dedicó veinticinco años de su vida a esas estanterías y que no responde a insinuaciones sin el abogado del sindicato. Con el edificio lleno de escaleras de servicio y pasillos de hierro sin ventanas, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno a las 10:52.
Ellsworth sabe que el jefe de obras raras es el nombre al que llegan primero los bomberos cuando algo arde entre estanterías. Cuando el detective afirma que el fuego fue a propósito, la cortesía se enfría y el tono baja. Puede ser el orgullo herido de un bibliotecario que vio el acervo de su vida convertirse en ceniza. Puede ser alguien que elige cada palabra porque sabe que hay otras que no puede decir. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 153 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Dusty CalhounActor desempleado y camarero, habitual de la sala de lectura, 31 años
Rosalba QuiñonesGuardia de la entrada de empleados y de la cámara acorazada del sótano, 44 años
