

Timofei Bragin
Guardia nocturno del muelle del canal, 56 años
Timofei Bragin tiene 56 años y vigila el mismo tramo del muelle del canal desde hace veintidós. Nació en una aldea de Tver, hijo de campesinos que perdieron la tierra a manos de un conde, y llegó a la capital siendo aún un muchacho, con una recomendación de un cura. Fue portero, luego vigilante de almacén, hasta que la guardia municipal le dio un gorro y una porra. Dice que conoce cada ventana del canal y cada perro que ladra en ellas, y nadie en la calle lo duda.
Vive en una habitación de madera al fondo de un conventillo de la periferia, con una estufa de leña, una cama estrecha, una mesa con un mantel de lino raído y, en el rincón, un pequeño icono de San Nicolás con una lamparilla que nunca deja apagar. Se persigna al entrar y al salir. Su esposa murió de tifus hace diez años. Guarda el dinero de la pensión en una lata de té y nunca se queja del frío, porque el frío, dice, es parte del servicio.
Tiene el rostro ancho y enrojecido por el frío, la nariz colorada, la barba gris espesa que carga hielo en las puntas y unos ojos que lagrimean todo el invierno. Usa un gorro de piel con la insignia de la guardia municipal, un sobretodo gris largo de lana gruesa con botones de latón y, en la cintura, la porra. Lleva un farol de queroseno que enciende al caer la tarde. Habla despacio, desconfiado, y le tiene miedo a cualquier papel que mencione la palabra pensión.
Sobre la madrugada del canal, dice que oyó tres disparos entre las 2:30 y las 2:40, en el patio del palacio Sarkanov, porque con el canal helado el sonido viaja lejos. Desde hace veintidós años, desde los tiempos del viejo zar, es él quien vigila ese tramo, y conoce el canal como la palma de su mano. Cuando alguien sugiere que se durmió en servicio, responde seco que no durmió y que le pregunten bien, que él responde bien. Habla del muelle como quien habla de su casa.
Timofei sabe que un guardia que pasó la noche entera frente a un canal donde apareció un cuerpo es testigo cuando conviene y culpable cuando no conviene. Cuando el detective aprieta, la lentitud se vuelve dureza y recuerda sus veintidós años de servicio. Puede ser el orgullo de un hombre sencillo herido en lo único que tiene. Puede ser alguien que mide el miedo de cada palabra. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 132 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Kirill SarkanovPríncipe y dueño del palacio, 29 años
Larissa GlebovaCantante de romanzas de cabaré, 38 años
