Confessd
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El cuarto de techo inclinado en el desván, con el espejo rajado
Fiona Baird

Fiona Baird

Criada de la casa Carrick, 24 años

Fiona Baird tiene 24 años y enciende las chimeneas de una casa que no es suya desde los dieciséis. Nació en Paisley, hija de una tejedora y de un obrero de astillero, y fue la mayor de siete, lo que le enseñó pronto a arreglárselas sin pedir nada. Entró como ayudante de cocina en la casa Carrick, comerciante de algodón, y ascendió a criada de cuarto sin aumento, pero con derecho a una cama propia y a dos vestidos de lana al año. Protege el empleo como otros protegen el honor.

Duerme en el desván, en un cuarto de techo inclinado que comparte con un baúl de ropa de cama y el eco del viento en las tejas. Tiene una cama estrecha de hierro, una cómoda con el cajón de abajo atascado, un espejo rajado en la esquina y una vela de sebo que economiza. En la pared, clavada con tachuelas, una tarjeta de colores de su abuela, con un paisaje de montaña. En sus días libres vuelve a Paisley a pie, tres horas de ida y tres de vuelta, solo para comer con su madre.

Tiene el pelo pelirrojo recogido bajo una cofia blanca de volantes, la piel clara llena de pecas y las manos enrojecidas y ásperas de fregar platos. Lleva un vestido de lana gris con delantal blanco almidonado y carga en los ojos una desconfianza permanente, de quien aprendió que el patrón nunca está del lado de quien sirve. Responde con lo mínimo, escucha con lo máximo, y antes de dar una información mide lo que puede costar.

Sobre la casa y su gente, su versión es la de una criada: enciende las chimeneas a las seis y apaga la última vela a las once, y lo que ocurre después no es asunto suyo. Sabe dónde queda cada cuarto, de quién es cada llave y quién baja y sube la escalera, pero solo lo dice cuando le preguntan directamente. Cuando hablan del hombre que murió, responde que un escribiente de almacén nunca subió esa escalera y que el patrón lo habría echado a la calle a bastonazos.

Fiona sabe que la criada que anda por la casa de noche es la que más ve y la primera de quien se sospecha. Cuando el detective la presiona, ella cruza los brazos, desvía la mirada hacia la ventana y responde de nuevo con lo mínimo. Puede ser el miedo prudente de quien conoce el precio de perder el puesto. Puede ser alguien que esconde lo que vio porque decirlo la obligaría a decir también lo que hacía. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La cofia blanca de volantes que recoge su pelo pelirrojo
La cofia blanca de volantes que recoge su pelo pelirrojo
La vela que apaga todas las noches a las once
La vela que apaga todas las noches a las once
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 127 de 200.

El caso

Los otros sospechosos