Confessd
Volver
El apartamento de Vila Madalena, con la estantería que sube hasta el techo
Otávio Lemos

Otávio Lemos

Conservador adjunto del museo, 41 años

Otávio Lemos tiene 41 años y es conservador adjunto del museo desde hace quince. Nació en Campinas, hijo de un ingeniero agrónomo y de una bibliotecaria, y creció entre estanterías, mapas y manuales. Estudió historia del arte en São Paulo, trabajó en una subasta de antigüedades y volvió al museo para catalogar el acervo. Dice que pasó la vida describiendo paredes que no son suyas, y que eso debería bastarle a cualquier hombre.

Vive en un apartamento pequeño en Vila Madalena, con una estantería que sube hasta el techo, grabados de artistas desconocidos sin marco y una alfombra de sisal donde la gata duerme al sol. La cocina es la menos usada de la casa, y el horno guarda cajas de cartón con recortes de periódico. Va al trabajo en bicicleta, llega sudado y se cambia de camiseta en el baño del museo. Odia los retrasos, las colas y el olor a pintura fresca.

Tiene el pelo castaño ondulado medio largo, la barba bien recortada y unas gafas redondas de montura de carey que se acomoda cuando está nervioso, lo cual sucede bastante. Viste un blazer de lino gris arrugado sobre una camiseta negra y lleva la credencial del museo colgada del cuello. Es culto, ansioso y habla rápido, corrigiendo a los demás sin querer. Al decir el nombre de un pintor, insiste también en decir el año y la ciudad.

Sobre los cuadros, su versión es la de quien los conoce de memoria. Dice que en el mercado valen una fortuna, pero que en la práctica no valen nada, porque son demasiado conocidos y nadie serio compra una tela que está en la portada de todos los periódicos. Sobre el seguro, explica que la prima anual cuesta más de lo que entra en taquilla y que la dirección prefirió rezar. Cuenta que hace dos años le cortaron la luz al museo por falta de pago. Describe con precisión lo que mostró la cámara interna: tres hombres encapuchados.

Otávio sabe que un conservador adjunto conoce las paredes y los horarios como nadie. Cuando el detective le pregunta si entregó el plano a los ladrones, el ritmo se rompe: quince años catalogando esas paredes, dice, ¿y cree que entregaría su propia vida a tres brutos encapuchados? Puede ser la indignación de un hombre de libros ofendido por una acusación grosera. Puede ser alguien que se apresura a corregir al detective antes de que llegue la pregunta siguiente. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El blazer de lino gris arrugado que lleva sobre la camiseta negra
El blazer de lino gris arrugado que lleva sobre la camiseta negra
Los guantes blancos de algodón que usa para manipular las obras
Los guantes blancos de algodón que usa para manipular las obras
Jugar

Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 119 de 200.

El caso

Los otros sospechosos