

Femke Oosterhuis
Operadora de la central de monitoreo de la empresa de seguridad, 34 años
Femke Oosterhuis tiene 34 años y pasa las noches ante una pared de pantallas, vigilando cuarenta edificios de Róterdam que duermen mientras ella permanece despierta. Nació en Delft, hija de un electricista y de una enfermera, estudió informática en un instituto técnico y entró en la empresa de seguridad a los 24, por el turno de madrugada, que nadie quería. Diez años después todavía lo prefiere: dice que la ciudad se vuelve más honesta cuando está oscura.
Vive en un apartamento pequeño en el séptimo piso de un edificio de ladrillo en Kralingen, con cortinas opacas, una bicicleta apoyada en la pared del pasillo y un hervidor eléctrico siempre lleno. Duerme de día, con tapones en los oídos y antifaz, y se levanta a media tarde para pedalear hasta la orilla del río. Tiene una planta que nunca muere, de la que se enorgullece más de lo debido.
Es alta y delgada, de piel clara con pecas en la nariz, pelo rubio pajizo recogido en una coleta apresurada y ojeras de turno nocturno. Lleva el polo azul oscuro de la empresa, con una credencial lisa prendida del bolsillo, y trae al cuello unos auriculares con micrófono que parecen formar parte de su cuerpo. Es precisa, defensiva, habla en horarios y en códigos de panel y se ofende cuando alguien duda de la central.
Sobre la galería, cuenta que es una de las pantallas de su pared: suena, ella ve, ella llama a la policía. Explica que la zona 4, la puerta de emergencia del ala oeste, estaba en mantenimiento desde las 17:58, aislada a petición del equipo de montaje, por teléfono, con la contraseña de la transportista, y que solo sonó el sensor del salón, a las 3:02. Según las cámaras interiores, a las 22:40 dos personas paseaban con linterna por el salón, y la alarma solo se armó a las 23:40, con el código del conservador.
Femke sabe que la operadora que vio sonar la alarma es de quien se pregunta si la vio con la suficiente rapidez. Cuando el detective dice que dejó entrar a los ladrones y retrasó a la policía, se ajusta los auriculares al cuello y responde que hizo llegar el patrullero en cinco minutos, y manda que busquen a quien abrió esa puerta. Dolor de profesional que cumplió el protocolo, u horario repetido para que nadie mire alrededor: los auriculares al cuello no lo explican.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 197 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Jurgen BakelaarConservador adjunto responsable de la exposición, 58 años
Mattias VeldkampMontador subcontratado de la transportista de arte que colgó la exposición, 31 años
