

Jurgen Bakelaar
Conservador adjunto responsable de la exposición, 58 años
Jurgen Bakelaar tiene 58 años y pasó treinta de ellos entre cuadros, primero como ayudante de conservación, luego como conservador adjunto de una gran galería de exposiciones de Róterdam. Nació en Utrecht, hijo de un relojero y de una profesora de francés, y estudió historia del arte en Ámsterdam y en París. Habla de los lienzos como de parientes que le deben visitas, y de las personas como de obras aún por atribuir.
Vive en un piso antiguo cerca del parque de los museos, con un despacho que en realidad es toda la casa: estantes de libros de arte del suelo al techo, una mesa ancha con lupa y luz de museo, un gato siamés que duerme sobre el catálogo más caro y una colección de grabados japoneses colgados en fila. Se levanta a las 6:00, lee el periódico entero y llega a la galería antes que nadie.
Es alto y algo encorvado, de piel sonrosada, con el pelo canoso largo peinado hacia atrás y una barba blanca corta bien recortada. Lleva gafas de leer en la punta de la nariz, chaqueta de pana color mostaza sobre un jersey negro de cuello alto y una bufanda de lana burdeos que se enrolla dos veces al cuello. Es erudito, vanidoso, habla en frases largas y desprecia con educación a los guardias y a los montadores.
Sobre el caso, cuenta que escogió cada uno de los lienzos y convenció a la fundación de que los prestara, tras dos años de cartas y cenas, y que ahora hay siete ganchos vacíos en su pared. Dice que fue el último en salir, como siempre: revisó las etiquetas, armó la alarma y cerró la puerta principal. El resto, en su opinión, corresponde a la central y a las cámaras. La chica de la central le telefoneó a las 3:10, jadeante, y le dijo que la alarma había sonado hacía un minuto, y ocho minutos no son un minuto.
Jurgen sabe que el último en salir, dueño del código de la alarma, es el primero a quien se pregunta por la noche. Cuando el detective dice que abrió la puerta a los ladrones, se enrolla la bufanda burdeos una segunda vez al cuello y responde que pasó dos años trayendo esos lienzos y que la pregunta es una falta de decencia. Dolor de conservador, o erudición alzada como pared: la bufanda enrollada cierra las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 197 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Femke OosterhuisOperadora de la central de monitoreo de la empresa de seguridad, 34 años
Mattias VeldkampMontador subcontratado de la transportista de arte que colgó la exposición, 31 años
