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La casa parroquial de piedra que describe en las cenas, con el despacho de pocos libros
Josiah Pendleford

Josiah Pendleford

Reverendo del campo, amigo de la familia y tío del novio, 52 años

Josiah Pendleford tiene 52 años y se presenta como párroco rural, un hombre humilde que llegó a Londres con un sobrino para casarlo. Habla de su tierra de origen, a las afueras de Kilkenny, en Irlanda, con la voz mansa de quien recuerda un lugar perdido, y dice que su familia tuvo una hacienda entera hasta la vuelta del rey. Cita la Biblia en cada pausa, llama hijo mío a todo el mundo y sonríe con todo el rostro, menos con los ojos.

Dice vivir en una casa parroquial de piedra, en el campo, rodeada de muros bajos, con un despacho de pocos libros, una mesa grande y una ventana vuelta hacia los campos. Allí, en su versión, escribe sermones por la mañana y visita enfermos por la tarde. En Londres se aloja donde le ofrecen. Aparece en la mesa de los Fothergill desde hace tres semanas, siempre puntual, siempre con apetito, y nunca sin pedir más vino.

Es alto y ancho, de rostro sonrosado y ojos azules fríos, con una cicatriz antigua en la mejilla izquierda que atribuye a una caída de carreta. El pelo canoso le cae hasta los hombros, y la capa negra de lana lo hace parecer más grande de lo que es. Lleva un sombrero negro de ala ancha, que se quita ante las señoras y se vuelve a poner con un gesto que recuerda más a un soldado que a un párroco. Habla con unción y mira todo a su alrededor.

Sobre sí mismo, dice ser un humilde párroco rural, venido a cenar con los Fothergill y preparar la boda de su sobrino con la muchacha, porque Dios une a las buenas familias. En las cenas, repite que la Corona le debe una hacienda entera, poniéndose rojo, y luego ríe y pide más vino. Sobre el guarda del portón, comenta que debe nueve libras en la taberna de la esquina, y que un hombre endeudado vende hasta a su madre.

Josiah sabe que un hombre de sotanasotana Vestidura larga y ajustada, generalmente negra, que usan los sacerdotes y clérigos., huésped de la casa, tiene la confianza de todos y por eso mismo es recordado. Cuando el detective lo llama falso reverendo, se lleva la mano al pecho, responde que bautizó a media parroquia y que no dice una palabra más sin abogado. Dignidad de párroco ultrajado, u oración usada como escudo: la mano en el pecho sirve a las dos.

La capa negra de lana que lo hace parecer más grande de lo que es
La capa negra de lana que lo hace parecer más grande de lo que es
La Biblia que cita en cada pausa
La Biblia que cita en cada pausa
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 194 de 200.

El caso

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