Confessd
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El alojamiento de piedra encalada junto al patio, con la cocina de ollas de cobre
Susanna Fothergill

Susanna Fothergill

Hija del guardajoyas, prometida del sobrino del reverendo, 24 años

Susanna Fothergill tiene 24 años y pasó toda la vida dentro de murallas. Nació en la fortaleza, donde su padre, Elías, sirve desde hace treinta años como guardajoyas, y nunca vivió en otro lugar. Su madre murió de fiebre cuando ella tenía ocho, y desde entonces fue ella quien cocinó, remendó, contó las monedas del mes y leyó a su padre las cartas que la vista cansada ya no aguantaba. Defiende al viejo en cada frase, como si alguien lo estuviera acusando.

Vive con él en un alojamiento de piedra encalada junto al patio, de techo bajo y ventanas estrechas. La cocina tiene un fogón de hierro, ollas de cobre colgadas por tamaño, una mesa de roble rayada por los cuchillos de tres generaciones de guardias y una jarra de peltre que va y viene llena de vino en los días de visita. Desde que el reverendo empezó a aparecer, las cenas se alargaron, y la conversación también.

Es delgada, de rostro pálido y pecoso, con ojos castaños ahora hinchados de llorar y el pelo rojo oscuro recogido en una cofia blanca de lino. Viste vestido de lana gris azulado de corpiño apretado, delantal blanco siempre con alguna mancha y un chal marrón sobre los hombros. Habla deprisa, en frases cortas, con una educación excesiva, y dobla los dedos cuando se siente observada.

Sobre la mañana del crimen, cuenta que su padre abrió la sala de las joyas a las 7:00, antes de la hora de visita, para el reverendo Pendleford, que cena con ellos desde hace tres semanas y arregló el noviazgo de ella con su sobrino. Llegaron juntos el reverendo, el muchacho y dos amigos del campo; su padre bajó acompañado del reverendo y de los dos amigos, y el muchacho se quedó arriba con ella. Hoy su padre respira, pero no despierta, y el cirujano dice que el golpe fue de algo pesado y redondo.

Susanna sabe que la hija del guarda, la única que conoce la reja, es a quien se pregunta cómo entró alguien. Cuando el detective sugiere que dio la llave a los ladrones, los dedos se doblan sobre el delantal y la voz falla: su padre está arriba sin despertar y todavía le preguntan eso. Dolor de hija tratada como cómplice, o llanto rápido que cierra la pregunta: los dedos doblados guardan el secreto.

La cofia de lino blanco que sujeta el pelo rojo oscuro
La cofia de lino blanco que sujeta el pelo rojo oscuro
La jarra de peltre que va y viene llena de vino en los días de visita
La jarra de peltre que va y viene llena de vino en los días de visita
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 194 de 200.

El caso

Los otros sospechosos