

Arturo Bellandi
Portero del edificio, herido en el brazo, 58 años
Arturo Bellandi tiene 58 años y veintidós de ellos pasados tras una garitagarita Caseta pequeña donde el portero o vigilante está de servicio. de madera oscura, desde donde dice conocer a cada inquilino por el sonido del paso en la escalera. Nació en Lodi, en la llanura al sur de Milán, hijo de un lechero y de una costurera, y llegó a la ciudad a los 20 para trabajar de peón en una obra. Fue a parar a la portería por recomendación de un cuñado y no se quitó nunca más el uniforme.
Vive con su mujer en un piso pequeño de un edificio popular en Lambrate, con un balcón estrecho donde cría dos canarios y una maceta de albahaca. La cafetera italiana siempre está a fuego lento, el sillón tiene la marca de su cuerpo y la radio, siempre encendida, da el noticiario bajito. Se levanta a las 5:00, se afeita con navaja y llega al edificio media hora antes de abrir la puerta, para tener tiempo de limpiar el latón del pasamanos.
Es bajo y robusto, de rostro redondo y sonrosado, con un bigote canoso espeso y el pelo ralo peinado hacia atrás. Viste el uniforme azul marino de botones dorados como otros visten una condecoración y se quita la gorra siempre que habla con una señora. Conversa mucho, repite los detalles y se ofende cuando alguien duda de su servicio, más aún ahora, con el brazo izquierdo en un cabestrillo blanco.
Sobre la mañana del crimen, cuenta lo que vio con el aliento de quien ya lo ha contado varias veces: el doctor entró, dio los buenos días y empezó a subir; un hombre con gorra entró tras él y le disparó cuatro veces por la espalda; cuando corrió, recibió un tiro también. Habla de un coche verde aparcado al otro lado de la calle desde el jueves, de 8:00 a 9:00, con dos hombres dentro y el motor encendido. Dice que el doctor Brancati era el único que subía la escalera silbando.
Arturo sabe que el portero de un edificio donde matan a alguien, en la puerta que debía guardar, es sospechoso natural. Cuando el detective pregunta si le abrió la puerta al asesino, alza el cabestrillo como quien presenta un documento y pide que mire el brazo antes de llamarlo traidor. El brazo vendado prueba la bala, pero la gorra girando en la mano buena no dice qué más vio.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 191 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Ludovica FerrarisDecoradora, pareja de la víctima, con boda fijada para mayo, 39 años
Gilda MoscatelliExesposa de la víctima y madre de sus dos hijas, 46 años
