

Gilda Moscatelli
Exesposa de la víctima y madre de sus dos hijas, 46 años
Gilda Moscatelli tiene 46 años y habla de su propia vida como de una obra en la que siempre se quedó con el papel de víctima. Nació en Nápoles, hija de un dueño de cine y de un ama de casa que le enseñó que a una mujer se la mide por el peinado, y llegó a Milán a los 22. Se casó con Lorenzo Brancati a los 26, tuvo dos hijas y pasó trece años entre fiestas, yates y fotografías de revista. Nunca perdonó el día en que la cambiaron por una decoradora más joven.
Vive en un piso de techo alto cerca de Brera, con muebles lacados en negro, espejos con marco dorado, un jarrón de lirios siempre fresco y un cenicero de oro que exhibe y casi no usa. Se levanta tarde, toma el desayuno en la cama, pasa la mañana al teléfono con la masajista, el peluquero y las hijas. Almuerza con ellas los domingos y aprovecha el almuerzo para cobrarle a cada una lo que oyó, vio y dejó de contar.
Es menuda y muy maquillada, con el pelo castaño oscuro voluminoso y cardado, cejas finas y una boca roja que no pierde el color ni de luto. Viste abrigo de visónvisón Piel cara de un pequeño mamífero, de pelo suave y brillante, usada en abrigos de lujo. sobre vestido negro, muchos anillos de oro y brillantes y un pañuelo de seda estampado al cuello. Las enormes gafas de sol de montura negra se quedan empujadas sobre la cabeza. Habla con teatralidad, alza la barbilla, y hace pausas en las frases como quien espera aplausos.
Sobre el matrimonio, su versión viene de memoria: trece años de fiestas, yates y mentiras, hasta que en 1985 él salió de casa en un viaje de negocios y nunca volvió. En cuanto a la muerte, dice que se enteró por la ama de llaves, a las 10:00, que la despertó con la radio encendida, y que ya había llorado lo que debía en 1985. Para ella, quien gana con la muerte es la novia, que afirma haber estado en el gimnasio, lo que la masajista de Gilda desmiente.
Gilda sabe que una exmujer, con motivos y rencor, es la otra sospechosa obvia. Cuando el detective pregunta si mandó matar a su exmarido, baja las gafas de sol desde lo alto de la cabeza, alza la barbilla y dice que solo habla ante el abogado de la familia. Quien baja las lentes oscuras para encarar al detective tanto puede estar ofendida como escondiendo la mirada.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 191 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Ludovica FerrarisDecoradora, pareja de la víctima, con boda fijada para mayo, 39 años
Arturo BellandiPortero del edificio, herido en el brazo, 58 años
