

Ludovica Ferraris
Decoradora, pareja de la víctima, con boda fijada para mayo, 39 años
Ludovica Ferraris tiene 39 años e hizo del arte de arreglar las casas de los demás una profesión. Nació en Como, a orillas del lago, hija de un joyero y de una profesora de piano, y vino a Milán a los 20 para estudiar diseño de interiores. Montó su propio estudio a los 30, tras diez años de ayudante en despachos de gente más famosa, y desde entonces dice que una sala bien decorada convence a cualquiera de cualquier cosa.
Vive con Lorenzo Brancati en el piso de él, donde cambió el color de las cortinas, el lugar de los sofás y, según las hijas de él, la manera en que su padre toma el café. Su estudio está en un patio interior del centro, con la puerta pintada de azul y un mostrador lleno de muestras de tela que guarda por color, en degradado, como quien ordena un arcoíris. Llega temprano, bebe un café corto de pie y prefiere resolverlo todo por teléfono, en voz baja.
Es alta y esbelta, con el pelo rubio liso a la altura de los hombros y un rostro fino que sabe quedarse sin expresión. Viste traje de chaqueta beige con hombreras, blusa de seda crema y siempre lleva un pañuelo de seda en el bolso, que estruja entre las manos cuando está nerviosa. Habla con calma, escoge cada palabra y le horroriza parecer interesada, de modo que explica lo que siente antes de que alguien se lo pregunte.
Sobre la mañana del crimen, su versión es corta: Lorenzo tomó café, leyó el periódico, le dio un beso en la puerta y salió a las 8:10, a pie, como siempre. Ella se fue al gimnasio poco después. Iba a casarse con él en mayo y, cuando el detective sugiere que lo mandó matar, responde ofendida que nadie cambia a un marido por una herencia. Sobre los enemigos de él, dice que la familia peleaba con abogados, no con pistolas.
Ludovica sabe que la novia de un hombre rico, el día en que él muere, es la primera a quien se mira de reojo. Cuando el detective pregunta cuánto hereda, la voz baja se vuelve seca, el pañuelo se enrolla dos veces en los dedos y manda buscar al abogado de él. Dolor de quien no quiere ser leída por el dinero, o cuenta de quien sabe lo que vale la muerte: el pañuelo, arrugado, no lo dice.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 191 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Arturo BellandiPortero del edificio, herido en el brazo, 58 años
Gilda MoscatelliExesposa de la víctima y madre de sus dos hijas, 46 años
