Confessd
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La oficina de corretaje, con mapas enrollados y una brújula de latón
Everett Pinder

Everett Pinder

Corredor de tierras, socio y amigo de la víctima, durmió en la habitación de invitados, 58 años

Everett Pinder tiene 58 años y vendió terreno a la mitad de la isla. Nació allí mismo, hijo de un maestro de obras, y aprendió pronto que la tierra es lo único que nadie puede llevarse. Empezó midiendo lotes con una cuerda y una estaca, luego abrió una oficina de corretaje y hoy es dueño de kilómetros de costa que, según él, valdrán una fortuna cuando el mundo descubra las Bahamas. Era socio y amigo del magnate desde hacía veinte años.

Vive en una casa de mampostería blanca, de porche ancho y ventilador de techo, a diez minutos del centro. Pasa la mañana en una oficina de ventiladores ruidosos, con mapas enrollados, una brújula de latón sobre la mesa y una ventana que da al puerto. Saluda a todos por el nombre de pila, paga el almuerzo de quien esté cerca y nunca olvida el cumpleaños de un hijo de cliente.

Es bajo y achaparrado, de rostro quemado por el sol y mejillas rojas, pelo ralo canoso peinado hacia atrás y bigote corto. Viste traje de lino crema, casi siempre arrugado, corbata aflojada y un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta. Simpático y hablador, vende su propia inocencia como vende un terreno: con entusiasmo, sin prisa y con un apretón de manos.

Cuenta que a las 7:00 llamó a la puerta de su amigo para avisarlo del desayuno, como hace siempre que duerme en la casa, y que el olor a quemado salía por debajo de la puerta y las plumas aún volaban con el ventilador. Veinte años de amistad, dice, y acabó así. De la ama de llaves, afirma que a las 23:30, desde la ventana, la vio salir por el portón de servicio con un bulto bajo el impermeable, y pregunta adónde va un ama de llaves bajo una tormenta. Del yerno, repara en los brazos chamuscados hasta el codo y en la barba.

Everett sabe que un hombre tan amable levanta dudas precisamente por ser demasiado amable. Puede ser la franqueza de un viejo amigo que de verdad lo lamenta. Puede ser la simpatía de quien aprendió a vender la conversación antes de que alguien compre otra. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La chaqueta de lino crema, siempre arrugada
La chaqueta de lino crema, siempre arrugada
La brújula de latón sobre la mesa de la oficina
La brújula de latón sobre la mesa de la oficina
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 189 de 200.

El caso

Los otros sospechosos