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La casa de ladrillo en Pontiac, con el despacho de madera oscura al fondo
Cormac Kilbane

Cormac Kilbane

Dueño de una agencia de limusinas en Pontiac y secretario informal de Raskin, 61 años

Cormac Kilbane tiene 61 años y es dueño de una agencia de limusinas en Pontiac. Nació en Detroit, hijo de un tranviario irlandés, subió a la cabina de un camión a los 16 y bajó de ella, a los 40, con los ahorros de veinte años para comprar tres coches negros y un teléfono. Hoy alquila limusinas para bodas, velorios y gente que no le gusta conducir. Se peleó a puñetazos con Raskin por la sección de Pontiac en 1946, perdió, y se convirtió en su mejor amigo.

Vive en una casa de ladrillo de una planta, en Pontiac, con porche de aluminio, cortinas de encaje y un sofá cubierto de plástico. Su despacho, al fondo, tiene paredes de madera oscura, un cuadro de guantes de boxeo, un teléfono de disco y una vitrina con trofeos de bolos. Su mujer murió hace diez años, y él mantiene el plato de ella en la mesa, apilado con los otros. Cena con la radio encendida en el béisbol.

Es corpulento, de rostro ancho y enrojecido, pelo canoso al ras peinado hacia atrás con brillantina y cejas gruesas. Viste chaqueta de cuadros marrón de los años 70 sobre camisa de cuello ancho abierta y lleva un anillo de oro en el meñique. Afable, anticuado, habla alto y siempre saca una historia de los viejos tiempos. Anda con la cabeza un poco inclinada, como si escuchara un segundo sonido además del suyo.

Desde que Raskin salió de la cárcel, en Navidad de 1971, es su secretario, sin sueldo. Atiende el teléfono, concierta reuniones y dice ser el único amigo que quedó. Fue él quien fijó la cita de las 14:00 en el Silver Pheasant, en la cena del sábado con Nunzio Varricchio, un encuentro de paz entre Raskin y un jefe de Nueva Jersey que no lo quiere de vuelta en el sindicato. Ninguno de los dos apareció, y los dos juran que nunca acordaron nada. Cuando el detective pregunta cuánto le pagó Varricchio, responde que nadie le paga nada desde hace casi cuatro años, ni Raskin.

Puede ser la lealtad de un viejo amigo, que perdió el único eslabón que lo unía al pasado. Puede ser la fanfarronería de quien aprendió a contar historias para esconder las que no cuenta. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La chaqueta de cuadros marrón de los años 70
La chaqueta de cuadros marrón de los años 70
Los guantes de boxeo viejos colgados de la pared del despacho
Los guantes de boxeo viejos colgados de la pared del despacho
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 179 de 200.

El caso

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