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La casa encima del taller del equipo, en Módena, con la escalera de hierro al garaje
Arnaldo Pezzotti

Arnaldo Pezzotti

Director del equipo italiano del campeón, 54 años

Arnaldo Pezzotti tiene 54 años y treinta de ellos pasados entre motores. Nació en Módena, hijo de un herrero, entró en un taller de coches de carreras a los 14 para barrer el suelo y salió de allí, a los 30, como jefe de mecánicos. Desde hace veinte años dirige el equipo italiano del campeón Teodoro Iturbe. Trata al piloto como hijo y como patrón a la vez, y pelea con él como si fuera las dos cosas.

En Módena vive en una casa de dos plantas encima del taller del equipo, con la escalera de hierro que baja directo al garaje. La cocina tiene un fogón de cuatro fuegos, una olla de ragú siempre en el fuego y un reloj de pared que adelanta cinco minutos, a propósito. En la oficina del taller, un tablero de corcho lleno de cronogramas, una mesa de dibujo y fotografías de coches que ya no existen. Duerme poco y come de pie.

Es bajo y ancho, de rostro rojo de sol, bigote canoso recortado y pelo canoso peinado hacia atrás con brillantina. Lleva camisa blanca de manga corta, casi siempre sudada, pantalón de lino caqui con tirantes y un cronómetro de plata colgado del cuello, que ajusta con el reloj de pulsera antes de cada entrenamiento. Entre los dedos, un puro apagado, que nunca enciende cerca del combustible. Áspero, teatral, habla con las manos.

Sobre la noche en que se llevaron al campeón, dice que estaba fuera del hotel resolviendo asuntos del equipo y que volvió a las 21:20, cuando encontró a la policía en la puerta. Sobre la carrera del día siguiente, no esconde lo que está en juego: el contrato del año que viene con la fábrica. Sin Teodoro en la pista, los estadounidenses se llevan el premio, y él vuelve a Módena explicando por qué. Cuando la pregunta es cuánto pidieron de rescate, responde que nadie pidió nada, y añade: todavía.

Puede ser la desesperación honesta de un jefe que perdió al piloto, la carrera y el contrato en la misma noche. Puede ser el teatro de quien siempre habla alto para tapar lo que no quiere que se escuche. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El cronómetro de plata que lleva colgado del cuello
El cronómetro de plata que lleva colgado del cuello
El puro apagado que nunca enciende cerca del combustible
El puro apagado que nunca enciende cerca del combustible
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 173 de 200.

El caso

Los otros sospechosos