

Wilfredo Ordóñez
Recepcionista y telefonista del Hotel Atlántida, 27 años
Wilfredo Ordóñez tiene 27 años y cinco de ellos pasados en la centralita telefónica del Hotel Atlántida. Nació en La Habana, en el barrio del Cerro, hijo de un estibador del puerto y de una costurera, y fue el primero de la familia en terminar la secundaria. Aprendió inglés e italiano de tanto escuchar a los huéspedes, y hoy oye una conversación por el tono y responde antes de que la persona termine. Cuando alguien lo llama maestro del mostrador, ríe y lo agradece.
Vive con sus padres en una casa estrecha de una planta, en el Cerro, con portal de rejas, azulejos gastados y una radio enorme en la sala, donde su padre escucha todas las carreras de coches y todos los juegos de béisbol. Su madre deja un café colado en el termo para cuando vuelve del turno. Su cuarto comparte pared con la cocina, y se despierta con el olor del pan. Guarda en el armario un saco doblado y dos pares de zapatos lustrados.
Es delgado, de piel morena clara, pelo negro corto peinado con raya, bigote fino y ojos atentos. Lleva el uniforme de recepcionista, de botones dorados, pajarita negra, y deja colgado del cuello el auricular de telefonista, incluso cuando no está en la centralita. Educado, sonriente, llama maestro a todos los huéspedes y recuerda el nombre de cada uno. El saco, casi siempre, lo lleva mal abotonado.
Sobre el hotel, explica sin prisa. Toda llamada pasa por su mesa, de fuera, de las extensiones, a las habitaciones. Todo recado va escrito en el bloc con papel carbón, y la copia queda prendida para que la gerencia la revise por la mañana. Regla de la casa. Cuenta que el martes le pidió un autógrafo al campeón para su padre, que escucha todas las carreras por la radio. Sobre la noche, describe el minuto en que un hombre de chaqueta de cuero entró por la puerta giratoria, y dice que estaba en la mesa y no pudo hacer nada. Preguntado adónde se llevaron al campeón, responde que no tiene manera de saberlo: él atiende el teléfono.
Puede ser la amabilidad de un muchacho de bien, que amaba su trabajo y perdió la calma ante un arma. Puede ser la cortesía entrenada de quien aprendió a no dar nunca una respuesta más allá de la necesaria. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 173 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Arnaldo PezzottiDirector del equipo italiano del campeón, 54 años
Maxine OberlinFotógrafa estadounidense de una revista de automovilismo, 31 años
