

Tullio Lanfranchi
Chófer y mecánico de la villa Haldenstein, 34 años
Tullio Lanfranchi tiene 34 años y nueve de ellos pasados al volante de la familia Haldenstein. Nació en Bérgamo, hijo de un hojalatero, aprendió mecánica de banco antes de aprender a leer partituras y llegó a Suiza a los 25, con una maleta de cartón y una carta de recomendación. Lo contrataron como chófer del maestro y se quedó también con todo el garaje en las manos: el coche, el tractor del jardín, la caldera. Le gusta decir que nunca se perdió un concierto, de Ginebra a Viena.
Vive en el cuarto de servicio de la villa, con una ventana estrecha al patio, un hornillo, una radio que pilla Italia cuando hace buen tiempo y una cama de hierro hecha con esmero de cuartel. En un armario guarda un catálogo de piezas y un cuaderno de cuentas donde suma, cada mes, lo que sobra del sueldo para el taller propio que sueña abrir en Vevey. Es un sueño que cuenta a quien pregunta y también a quien no.
Habla con las manos, ríe alto y llama signora a todo el mundo, hasta al panadero. Lleva un mono azul abierto sobre una camiseta blanca, patillas largas, bigote grueso y brillantina en el pelo. Las manos grandes tienen grasa bajo las uñas, que nunca consigue quitar, y la gorra de chófer vive doblada en el bolsillo, lista para el día en que el patrón pida el coche. Hoy el patrón ya no pide.
Sobre la viuda, Tullio dice lo que diría cualquier empleado agradecido: es una señora justa, paga a tiempo, no grita. Con el dinero, añade, es dura como el lago en enero. Cuando el tema es el panteón, la conversación cambia de rumbo enseguida y pasa a hablar de quien lo cuidaba, del sepulturero y del libro del cementerio. Cree que el detective debería mirar hacia otro lado.
Puede ser la simpatía de un hombre leal, que cargó al maestro en brazos cuando ya no podía subir la escalera. Puede ser la desenvoltura de quien siempre habla mucho para no decir lo que importa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 171 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Fernand GilliéronSepulturero del pueblo, 61 años
Mathilde RossierSecretaria del maestro Haldenstein, 38 años
