

Clovis Escande
Ingeniero jefe del tren de aterrizaje del Zéphyr, 46 años
Clovis Escande tiene 46 años y dirige la ingeniería del tren de aterrizaje del Zéphyr. Nació en Albi, hijo de un relojero, se graduó en Toulouse con la segunda mejor nota de la promoción y pasó seis años dibujando, tornillo a tornillo, el conjunto de ruedas y frenos que debe sostener cien toneladas a trescientos por hora. Habla de los frenos como quien habla de hijos y se ofende cuando alguien duda de su trabajo.
Vive en un piso luminoso de tres habitaciones cerca del canal del Midi, con una estantería de libros técnicos, un modelo a escala del avión sobre el aparador y un sillón de cuero que a su mujer le gustaría cambiar. Toma café doble a las seis, cruza la ciudad en tranvía y llega a la fábrica antes que todos. Por la noche vuelve tarde, con la cartera abultada, y cena solo mientras escucha la radio bajito.
Es alto y delgado, con el rostro largo, ojeras permanentes y el pelo castaño canoso peinado hacia atrás con brillantina. Lleva gafas de montura gruesa negra, camisa blanca de cuello abierto con la corbata aflojada y una bata gris de ingeniero con portaminas en el bolsillo. Rara vez suelta la regla de cálculo, que golpea contra la palma de la mano cuando piensa, y corrige el vocabulario de quien habla de mecánica sin saber.
Sobre los planos hallados con el soviético, su versión es la de un técnico: son de la revisión C, firmada por él el martes a las 17:00, y el original entró en la caja fuerte media hora después sin pedido de copia. Observa que el papel azul con olor a amoníaco solo sale de una máquina de la fábrica. Quien entra de noche en la sala de planos, añade, es el vigilante con el manojo de llaves maestras.
Clovis sabe que el jefe de ingeniería del tren de aterrizaje es el hombre que mejor conoce esos planos y, por eso, el primero a quien se mira cuando aparecen en la mano de un extranjero. Cuando el detective lo acusa de vender el proyecto, responde que pasó seis años dibujando cada tornillo y pide pruebas, no insultos. Puede ser el orgullo herido de un técnico orgulloso. Puede ser alguien que protege un error menor tras la cara larga. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 166 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Yvette CazalsJefa de la sala de reprografía de la fábrica, 51 años
Firmin LabartheVigilante nocturno de la fábrica, 58 años
