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El piso cerca de la Plaza de las Monjas, con el cuarto de la madre enferma
Leandro Sotomayor

Leandro Sotomayor

Teniente de navío, ayudante de la Comandancia de Marina de Huelva, 41 años

Leandro Sotomayor tiene 41 años y es teniente de navío, ayudante de la Comandancia de Marina de Huelva. Nació en Cádiz, hijo de un práctico de puerto y de una bordadora, ingresó en la Escuela Naval a los 17 y pasó dieciocho años en la Armada sin mandar un solo barco. Habla de reglamento y de bandera con la reverencia de quien aprendió pronto que el orden es el único patrimonio de un pobre bien educado.

Vive en un piso modesto de dos dormitorios cerca de la Plaza de las Monjas, en Huelva, con su madre enferma, que gasta en medicinas lo que él gana. El cuarto de la señora huele a eucalipto y a vela, y la ventana da a una calle estrecha de paredes encaladas. Él se levanta a las cinco, lustra los zapatos, prepara el té de ella y llega a la Comandancia diez minutos antes de la hora. Los domingos libres acompaña a su madre a misa de ocho.

Es delgado y de postura rígida, con el rostro fino y moreno, bigote fino bien recortado, pelo negro peinado hacia atrás con brillantina y ojeras hondas. Viste el uniforme azul marino de la Armada con botones dorados y galones de teniente en las mangas, y lleva la gorra bajo el brazo. Es formal, correcto hasta la última coma, y cita el reglamento antes de responder cualquier pregunta que no esté en él.

Sobre la cartera del oficial inglés, su versión es la de un funcionario celoso: la guardó en la caja fuerte el viernes, delante de la mecanógrafa, y firmaron juntos la banda de la puerta, como manda el reglamento. Dice que después del horario estaba en casa. Comenta que el lunes temprano el laboratorio fotográfico olía a fijador frescofijador fresco Baño químico que fija la imagen de una foto revelada; tiene un olor fuerte y agrio, típico de los laboratorios fotográficos., y recuerda que la única llave, además de la del comandante, es de la señora que trabaja allí.

Leandro sabe que el ayudante que guarda la cartera y la caja fuerte es, en cualquier comandancia, el primero por quien se pregunta. Cuando el detective lo acusa de haber vendido las cartas a los alemanes, recuerda sus dieciocho años de Armada, alza la barbilla y exige un oficial defensor a su lado. Puede ser el orgullo herido de un oficial de carrera que nunca fue tratado como reo. Puede ser alguien que se aferra al reglamento porque no le queda nada más. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El uniforme azul marino con los botones dorados y los galones de teniente
El uniforme azul marino con los botones dorados y los galones de teniente
La gorra que lleva siempre bajo el brazo
La gorra que lleva siempre bajo el brazo
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 165 de 200.

El caso

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