

Mortimer Gaskell
Fotógrafo aficionado jubilado y vecino de los Rutledge, 67 años
Mortimer Gaskell tiene 67 años y vive en la calle de los Arces desde hace treinta y uno. Nació en Scranton, hijo de un barbero, trabajó cuatro décadas como proyectista en una fábrica de piezas para trenes y se jubiló con la pensión y la certeza de que el mundo iba empeorando cada año. Vio cambiar de dueño todas las casas de la calle y piensa que hoy nadie conoce al vecino, solo su césped.
Su casa es de madera blanca, con un despacho de paredes forradas de pino donde guarda las fotografías que hace de madrugada y una estantería de trofeos de jardinería, cinco seguidos, todos pulidos los domingos. Come huevos fritos a las seis, riega el jardín a las siete y pasa las tardes en el foro de jardinería, donde solo publica versiones pequeñas de sus fotos, para que nadie se las robe. Habla de las hortensias como otros hablan de los nietos.
Es alto y algo encorvado, con el rostro largo y curtido por el sol, el pelo blanco ralo peinado hacia atrás y cejas gruesas que se mueven cuando desaprueba algo, es decir, casi siempre. Viste camisa de cuadros de manga corta metida en el pantalón caqui, sujeto con tirantes, y mantiene una pipa apagada en el bolsillo de la camisa. Es gruñón, orgulloso y habla de los vecinos con desdén.
Sobre la cena del lunes, su versión es seca: el doctor bebió demasiado vino, habló del papeleo de la bomba en la mesa y toda la mesa lo oyó, hasta los niños. Sobre la foto, dice que es suya, tomada en mayo con la luz de las siete de la mañana, y que el original grande fue a parar a una sola persona. Apenas sabe usar un ordenador, dice, y fotografía flores, no bombas.
Mortimer sabe que un viejo gruñón, dueño de la foto que cargaba con el secreto, es la respuesta más obvia para quien no quiere pensar mucho. Cuando el detective lo acusa de haber mandado la foto fuera del país, la voz sube, las cejas bajan y le pide al otro que baje el tono en casa ajena. Puede ser la indignación de un hombre de costumbres viejas. Puede ser alguien que guarda un bochorno pequeño para no admitirlo. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 163 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Meredith SorrellConsultora financiera y vecina de los Rutledge, 41 años
Zuzana HlinkováAu pair eslovaca de la familia Rutledge, 23 años
