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La consulta de Mayfair, con la camilla y los retratos en las paredes
Thaddeus Ashgrove

Thaddeus Ashgrove

Osteópata de la alta sociedad y retratista, que alquila la casita del río, 49 años

Thaddeus Ashgrove tiene 49 años y trata, con las manos, la espalda de la mitad del gobierno británico. Nació en Leeds, hijo de un cerrajero, estudió osteopatía por su cuenta y ascendió en Londres a golpes de simpatía. Hoy atiende en una consulta de Mayfair y alquila la casita del río, en la propiedad donde el ministro pasa el fin de semana, para recibir amigos. Colecciona gente importante como otros coleccionan sellos, y deja que todos lo sepan.

En sus ratos libres dibuja retratos de famosos para una revista ilustrada de Londres, y vive de una reputación de rapidez: dicen que hace un rostro en diez minutos. Sufre de insomnio, pasa las noches fumando en el porche de la casita y duerme, cuando duerme, después del amanecer. Su piso en Londres alberga a una inquilina joven, bailarina de cabaré, a quien llama sobrina cuando conviene.

Es esbelto, de rostro fino y bronceado, con el pelo canoso peinado hacia atrás con brillantina y cejas arqueadas que suben solas cuando cuenta una historia. Viste traje de lino claro con un pañuelo de seda en el bolsillo y la pajarita siempre floja. Habla mucho, ríe antes del final de sus propios chistes y no se avergüenza de tener a un diplomático ruso sentado a su mesa.

Sobre el fin de semana, su versión es simple y dicha con orgullo: llevó al capitán soviético de Londres a la casita, lo presentó a medio mundo y arregla la espalda del ministro desde la primavera. Estaba en la casa cuando abrieron la caja y dice que no vio nada raro. Durmió en la casa, como los otros dos, a pocos pasos del despacho. Quien lo oye nota que le gusta que lo vean al lado de quienes mandan.

Thaddeus sabe que tener amigos de todos los lados, en un fin de semana en que un secreto de guerra pudo haber sido copiado, pesa en la balanza. Cuando el detective lo llama espía, la sonrisa se queda en el rostro pero los ojos se enfrían, y recuerda que dibuja a la familia real. Puede ser la vanidad de un hombre que confunde popularidad con inocencia. Puede ser alguien que sabe usar la simpatía como cortina. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La pajarita floja que nunca se arregla
La pajarita floja que nunca se arregla
La boquilla y el cenicero de cristal del porche de la casita
La boquilla y el cenicero de cristal del porche de la casita
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 161 de 200.

El caso

Los otros sospechosos