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El café de jazz del barrio, con el tocadiscos de válvulas
Akio Nagase

Akio Nagase

Mensajero de la sucursal, 22 años

Akio Nagase tiene 22 años y es el botones de la sucursal desde hace dos, entre valijas, correo, té y recados. Nació en Yokohama, hijo de un estibador y de una cocinera de restaurante, y dejó la escuela técnica antes del último año porque faltó el dinero. Simpático y rápido, habla deprisa, conoce el nombre de todos en el edificio y sonríe demasiado cuando lo aprietan.

Pasa las noches en un café de jazz del barrio, con discos en estantes, un tocadiscos de válvulas y un dueño que lo deja quedarse hasta el último vaso. Le gustan la música estadounidense, los cigarrillos baratos y contarle a quien se siente a su lado cómo será el futuro. Vive lejos del trabajo y vuelve tarde, en tren, compartiendo asiento con borrachos y obreros del turno de noche. Dice que quiere ver el mundo más que llegar a fin de mes.

Es delgado y de hombros huesudos, de rostro fino y anguloso y pelo negro largo cayéndole sobre la frente. Lleva una chaqueta de cuero negra gastada sobre una camisa blanca de botones, corbata fina aflojada, pantalón oscuro con el bajo mojado y manos inquietas que no paran sobre la mesa. Anda deprisa, siempre con un recado en las manos, y tiene un modo de acercarse a quien habla que hace parecer que de verdad le interesa.

Sobre el trabajo, su versión es de rutina: botones desde hace dos años, valija, correo, té y recados, y lleva los documentos a la central dos veces por semana. Sobre el coche, dice que la mitad de la sucursal sabía que el bono salía ese día, porque sale todos los diciembres. Cuando preguntan por el robo, responde que no sabe conducir. Con la lluvia fuerte y la sucursal llena de gente yendo y viniendo, nadie puede confirmar con certeza quién estuvo dónde a cada minuto.

Akio sabe que el botones de 22 años, el más joven de la sucursal, es un nombre que el banco olvida proteger cuando se filtra un secreto. Cuando el detective pregunta si fue él quien se hizo pasar por policía, la sonrisa desaparece y la voz sube, diciendo que es solo un muchacho que sirve el té. Puede ser el asombro de un joven tratado como sospechoso por ser el menos importante. Puede ser alguien que sonríe demasiado porque la conversación no puede ser otra. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La bandeja de té que lleva al gerente a todas horas
La bandeja de té que lleva al gerente a todas horas
La corbata fina aflojada sobre la camisa blanca
La corbata fina aflojada sobre la camisa blanca
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 158 de 200.

El caso

Los otros sospechosos