

Ugo Pesavento
Exjefe de mecánicos de boxes, hoy en desarrollo de rendimiento en la fábrica, 49 años
Ugo Pesavento tiene 49 años y durante trece dirigió a los mecánicos de boxes del equipo, hasta que en febrero lo trasladaron al desarrollo de rendimiento de la fábrica. Nació en Alba, hijo de un dueño de taller, y empezó a cambiar neumáticos a los 14, al fondo del garaje de su padre. Habla de los boxes como de una familia y de la fábrica como de una cárcel. Es rudo y orgulloso, y solo trata de señor a quien le paga una copa de vino.
Vive en una casa de campo en el Piamonte, con un terreno de huerto y frutales, a unos cincuenta kilómetros de Turín, y pasa las noches libres en el bar de la esquina, jugando a las bochas con los vecinos hasta la última ronda. Su mujer falleció hace dos años, y él guarda la bicicleta de ella en el garaje, sin decir por qué. La casa tiene una cocina larga, un horno de leña, un perro viejo y un televisor siempre encendido en un programa de carreras, sin sonido.
Es achaparrado y de hombros anchos, de rostro curtido por el sol con arrugas hondas, bigote canoso espeso y pelo cortado al rape. Lleva un mono de mecánico gris pizarra abierto hasta la cintura sobre una camiseta blanca, tiene manos gruesas con cicatrices y sostiene una gorra gastada del equipo, que no deja de girar mientras habla. Gesticula como quien aprieta un tornillo en el aire, y habla alto por la costumbre de haber trabajado entre motores.
Sobre el cambio de sector, su versión es de amargura: en febrero le dieron un cargo nuevo y un despacho con ordenador, llamaron a aquello ascenso, y después de trece años con la pistola de ruedas en la mano ahora lee hojas de cálculo. Cuando preguntan por el dosier, responde que quien entregó al equipo fue quien lo sacó de los boxes. Con la fábrica llena de porterías y de terminales abiertos a ochenta personas, nadie puede confirmar con certeza quién tocó qué papel.
Ugo sabe que el antiguo jefe de mecánicos, degradado sin explicación, es el tipo de nombre del que una fábrica sospecha en el minuto en que se filtra un secreto. Cuando el detective lo acusa de haber vendido el coche, dice que solo habla con el sindicato de al lado, y la voz sube. Puede ser el orgullo de un viejo profesional que se siente traicionado. Puede ser alguien que usa la rabia como cortina. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 157 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Donatella CornagliaIngeniera jefa de aerodinámica de la Scuderia Ardesia, autora del dossier técnico, 41 años
Sabrina OddoneCoordinadora de logística de la Scuderia Ardesia, 33 años
