

Bénédicte Lagadec
Organista adjunta del gran órgano de la catedral, 52 años
Bénédicte Lagadec tiene 52 años y desde hace veinte toca el gran órgano de la catedral como adjunta del titular. Nació en Quimper, en Bretaña, hija de un relojero y de una costurera, y empezó con el piano de la escuela a los seis. Estudió en el conservatorio de Rennes, donde el profesor le dijo que tenía manos de organista y paciencia de monja, y acertó en las dos cosas. Habla de música con pasión y de la gente con una impaciencia que no se esfuerza por disimular.
Vive en un piso pequeño de techos altos, en un edificio de piedra cerca de la catedral, con un piano vertical contra la pared más larga y estantes de partituras hasta el techo. Tiene un gato gris llamado Bach, una tetera esmaltada que pita a destiempo y una ventana que da a los tejados de pizarra. Se levanta a las seis, toma té fuerte y hace escalas con los dedos en el borde de la mesa antes de salir. Casada desde hace veintiséis años, dice que su marido aprendió a dormir con música.
Es alta y delgada, de rostro fino y pálido, pelo canoso corto y siempre despeinado, y los dedos largos casi sin anillos. Lleva gafas de leer colgadas de un cordón, rebeca gris sobre blusa negra, falda larga oscura y zapatillas bajas de cuero, para sentir los pedales. Anda con un rollo de partituras bajo el brazo incluso cuando no va a tocar. Es precisa y seca, y corrige la pronunciación de los demás sin pedir permiso.
Sobre la noche anterior al incendio, su versión es de una línea: tocaba, que es su trabajo, y quien quiera saber más que pregunte con educación. Dice que el gran órgano eran cuatro siglos de madera y estaño y que conocía cada tubo por su nombre, y cuando habla de él en pasado la voz pierde un grado de firmeza. Sobre Gaëtan, el guardián de las puertas, tiene una frase de respeto: puntual como la campana. Con la catedral cerrada y las luces apagadas, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno antes del amanecer.
Bénédicte sabe que la adjunta del órgano que ardió es el tipo de nombre que una investigación anota dos veces. Cuando el detective pregunta si fue ella, la respuesta es seca: preferiría quemarse las propias manos. Puede ser el duelo de quien perdió el instrumento de su vida. Puede ser alguien que usa el dolor como cortina para otra cosa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 152 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Thibault KerjeanElectricista que se ocupa de los cuadros, la alarma y el sonido de la catedral, 46 años
Gaëtan MorvanVoluntario guardián de las puertas de la catedral, 41 años
