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El apartamento del Upper East Side, con estanterías de catálogos
Delphine Aubry

Delphine Aubry

Directora de la galería, 62 años

Delphine Aubry tiene 62 años y treinta de ellos en la Galería Haverford e Hijos, donde empezó como secretaria y terminó como directora. Nació en Lyon, hija de un profesor de latín y de una costurera de taller de moda, y llegó a Nueva York a los 24 con una beca de historia del arte y un acento que nunca quiso perder. Habla de cuadros como quien habla de parientes: conoce el temperamento de cada uno.

Vive en un antiguo apartamento del Upper East Side, de techos altos, con estanterías hasta el techo llenas de catálogos de exposiciones, un sillón de cuero gastado junto a la ventana y una tetera siempre lista. Llega a la galería antes que todos y se va después. Dice que una casa que existe desde hace ciento cincuenta y ocho años exige cierta ceremonia, y usa la palabra casa para la galería como otros la usan para su propia familia.

Tiene el pelo gris corto y bien cortado, la postura muy erguida y el traje negro de sastre siempre sin una arruga. Al cuello, un collar de perlas y una cadena fina que sujeta las gafas de montura de carey. Elegante y orgullosa, mide cada palabra, pero no resiste una anécdota sobre el día en que un presidente de banco lloró ante un lienzo.

La galería se abrió en 1853 y vende a museos y a presidentes de banco. Delphine dice que, hasta esta tarde, nadie dudaba de un cuadro que saliera por esa puerta. Cuenta que el lienzo del Número 11 llegó a través de Mireya, como muchos otros desde 1999, y que Sebastian Wexley pagó quince millones por él en 2007. Cuarenta minutos después de que el comprador entrara con el informe, la junta bajó las rejas.

Delphine sabe que su nombre está en cada certificado. Cuando el detective le pregunta si vendió falsificaciones a sabiendas, responde que compró una de las telas para su propio salón. Puede ser el honor herido de quien pasó la vida defendiendo la casa. Puede ser alguien que se aferra a la reputación para no mirar lo que pasó por sus manos. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Las gafas de carey sujetas a la cadena fina
Las gafas de carey sujetas a la cadena fina
El collar de perlas que nunca se quita
El collar de perlas que nunca se quita
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 140 de 200.

El caso

Los otros sospechosos