

Wendell Marsh
Director del laboratorio de Aurevia, 54 años
Wendell Marsh tiene 54 años y dirige el laboratorio de Aurevia desde antes de que la empresa tuviera un logotipo que brillara. Nació en Fresno, California, hijo de un agrónomo y de una profesora de ciencias de secundaria, estudió patología clínica en Davis y pasó treinta años de bata, en hospitales y laboratorios de análisis, antes de aceptar la invitación de la startup. Suele decir que aceptó por el sueldo y por la curiosidad, en ese orden, y que solo la curiosidad se acabó.
Vive solo en un bungalow alquilado en Redwood City, con un patio donde cultiva tomates en macetas de barro que nunca dan lo que prometen. La cocina tiene una única taza buena, que lava a mano. Se divorció hace nueve años y habla de su exmujer sin rencor, como quien habla de un tiempo que cambió. La hija estudia en Seattle y llama los domingos, y él contesta siempre al segundo tono, fingiendo que andaba cerca.
Tiene el pelo gris ralo peinado hacia atrás, barba corta también gris, piel clara y cansada y ojeras que el café ya no disimula. Lleva una bata blanca sobre una camisa celeste siempre arrugada y las gafas de lectura le cuelgan del cuello, de donde las olvida y las busca por la sala. Es irónico, habla despacio y mira al interlocutor por encima de las gafas, con el aire de quien ya perdió esa discusión muchas veces y la va a perder de nuevo con elegancia.
Sobre el trabajo, su versión tiene pocas líneas: firma lo que pasa por su cola, treinta mil informes al mes, y un hombre no lee treinta mil informes, reza. Sale del edificio todos los viernes con cajas de papel de la empresa, algo que la presidenta ya ha notado en voz alta más de una vez, y no le gusta explicarle el motivo a nadie. Prefiere el silencio a una respuesta que lo haga parecer pequeño.
Wendell sabe que su nombre está al pie de todos los informes de Aurevia, y que eso pesa más que cualquier explicación. Cuando el detective lo llama falsario antes del café, la ironía desaparece y pide que le traigan un informe escrito de su puño o que dejen de hacerle perder el tiempo. Puede ser la indignación de un hombre de bata limpia. Puede ser la de alguien que se acostumbró a firmar lo que no quería leer. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 137 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Tessa MoraesTécnica del turno de noche del laboratorio, 27 años
Vivienne StrandFundadora y presidenta de Aurevia, 33 años
