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El apartamento de dos habitaciones, con el ventilador y el cenicero
Shingo Kurihara

Shingo Kurihara

Cliente del barrio, 46 años

Shingo Kurihara tiene 46 años y habla como quien pide perdón por ocupar espacio. Nació en Higashi-Osaka, hijo de un carpintero y de una tejedora, y dejó la escuela a los 16 para trabajar. Se casó tarde, enviudó pronto y vive solo desde entonces. Tiene un hermano en Kobe con quien habla dos veces al año y una vecina anciana que le deja sopa en la puerta. Nadie en el barrio sabe mucho más que eso.

Vive en un apartamento de dos habitaciones en un edificio de madera de dos plantas, con un ventilador viejo, una mesita baja y un cenicero de cristal siempre lleno. Lo que sobra del sueldo va al alquiler y a un paquete de cigarrillos al día. Por la noche escucha la radio bajito y dobla y vuelve a doblar la misma chaqueta, como si el gesto lo ayudara a pensar. Guarda pocas fotografías y ninguna en que aparezca sonriendo.

Es delgado, de hombros caídos, rostro hundido y barba sin afeitar. Usa gafas de montura fina de metal, una gorra de béisbol azul marino sin logotipo y una chaqueta de obrero gris cerrada hasta el cuello, incluso con el calor de octubre. Tiene un paquete de cigarrillos en el bolsillo de la camisa y la costumbre de mirarse las manos mientras habla. Responde despacio, midiendo cada palabra, y rara vez sostiene la mirada de quien pregunta.

Sobre aquel miércoles, su versión es simple. Dice que fue al supermercado Hanabusa a comprar cigarrillos y el periódico, hacia las 9:20, y que vive a dos manzanas de allí. Cuando la policía cerró las puertas todavía esperaba en la cola de la caja. Conoce al reportero del Diario de Kansai solo por leer su nombre, y no esconde su opinión sobre los periódicos de quiosco.

Shingo es el tipo de hombre que pasa inadvertido en una cola y que el detective solo nota cuando rechaza un vaso de agua. Cuando lo acusan, la educación desaparece y amenaza con salir por la puerta. Puede ser el orgullo de un cliente cualquiera que no acepta ser tratado como sospechoso. Puede ser alguien que siempre supo cuándo iban a mirarlo y entrenó quedarse quieto. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La gorra azul marino sin logotipo
La gorra azul marino sin logotipo
La chaqueta gris de obrero cerrada hasta el cuello
La chaqueta gris de obrero cerrada hasta el cuello
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 135 de 200.

El caso

Los otros sospechosos