

Fumiko Arakawa
Cocinera del barrio, dueña de una tienda de comida para llevar, 58 años
Fumiko Arakawa tiene 58 años y desde hace cuatro décadas alimenta al barrio. Nació en una aldea de pescadores cerca de Tanabe, en la costa de Wakayama, hija de un pescador de pulpo y de una costurera, y se casó a los 22 con un camionero que murió joven. Se quedó con la cocina, el mostrador y una hija que criar. Hoy tiene una casa de bentos en la esquina de la calle de la fiesta y una cola de obreros en la puerta antes del mediodía.
Vive en el fondo de su propia casa de bentos, en un cuarto de tatami que huele a salsa de soja y humo de olla. Se despierta a las cuatro, enciende el fuego antes de que salga el sol y solo se sienta cuando sale el último bento. Conoce el gusto de cada vecino: quién quiere menos sal, quién no aguanta el picante, quién pide arroz de más y jura que no lo pidió. Llama «hijo mío» a todos, incluido el alcalde, y no admite discusión sobre eso.
Es redonda y colorada, de pelo canoso corto con permanente y manos gruesas de quien amasó toda la vida. Lleva un delantal blanco de algodón sobre una blusa de florecitas, un pañuelo atado en la cabeza y gafas de montura dorada colgadas de un cordón, que busca siempre cuando ya están en el cuello. Habla alto, manda más alto aún y llora con la misma facilidad con que ríe. Aquella mañana tenía los ojos hinchados de quien no durmió.
Sobre el sábado, su versión es la de quien no admite dudas. Dice que cocinó el curry de la fiesta desde las cinco de la mañana, con la receta de su abuela, todo desde cero, y que lo dejó listo a las 11:30. Hizo su turno de vigilancia en el garaje y dejó la olla con otras vecinas, como mandaba la escala de la asociación. Para ella, su comida no se estropea, y quien insinúe lo contrario que hable claro.
Fumiko respetaba al presidente Ishizuka como a un hermano mayor, y es difícil oírla hablar de él sin que se le quiebre la voz. Pero su conversación da vueltas cortas y se irrita rápido cuando la pregunta se acerca a la olla. Puede ser el orgullo herido de una cocinera que nunca vio a nadie enfermar. Puede ser alguien que protege algo pequeño y terco. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 134 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Shun MorimotoRepartidor de la tienda de bebidas del barrio, 19 años
Reiko TsujimuraVecina, tesorera de la asociación de vecinos, 37 años
