

Rosalind Kerr
Mecanógrafa de la consulta, 27 años
Rosalind Kerr tiene 27 años y fue, hasta hace poco, la mecanógrafa más discreta de un consultorio de Londres. Nació en Brighton, hija de una viuda que cosía por encargo, y aprendió a escribir a máquina en un curso nocturno pagado con los ahorros de dos años. Escribe rápido, sin errores, y tiene la manía de releerlo todo en voz baja antes de entregar. Los pacientes del doctor apenas reparaban en ella, y fue precisamente eso lo que la mantuvo en el empleo.
Su madre, en Brighton, recibe una postal al mes con noticias cuidadosamente escogidas. Durante años, Rosalind vivió en un cuarto alquilado pequeño, de papel pintado desteñido, con una cama estrecha, un espejo con una grieta de esquina a esquina, un sombrero colgado de un gancho y una maleta con pocas cosas. Comía poco, dormía mal y escuchaba cada paso en la escalera como si fuera una pregunta.
Tiene la piel clara, el rostro delicado y los ojos grandes, que se abren de par en par cuando alguien alza la voz. El pelo castaño fue cortado corto y mal recortado, y el traje marrón de chico, demasiado ancho, va sujeto con alfileres en la cintura. Lleva un bombín calado sobre la frente y anda con los hombros encogidos. Habla bajo, se corrige todo el tiempo y, cuando olvida el papel, vuelve atrás deprisa, con una disculpa que no sabe a quién dirigir.
Dice que es un muchacho, Teddy Ellery, de dieciséis años, y que su padre está en el camarote 5. Cuenta que esperaron el barco en un hotel de Amberes casi diez días, que el padre leía los periódicos de Londres todo el día y que no la dejaba salir del cuarto. Sobre la señora Garside, recuerda solo que hablaba alto, cantaba por toda la casa y llamaba a todos «querida», menos a ella. Gastaba mucho. Rosalind solo la veía en el consultorio, y nunca se atrevió a decirle más que buenos días.
Rosalind sabe que alguien tan asustado como ella, en medio de un barco rumbo a Quebec, solo puede estar escondiendo algo o protegiendo a alguien. Cuando el detective habla de enterrar, ella retrocede, pide que no griten y jura que no sabe de qué se trata. Puede ser el susto de una chica común arrojada a una historia demasiado grande. Puede ser alguien que memorizó lo que decir y teme olvidarlo. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 133 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Lionel GarsideMédico homeópata estadounidense, 48 años
Barnaby QuintBarítono de music hall, 41 años
