

Ezra Holbeck
Médico hidroterapeuta, 66 años
Ezra Holbeck tiene 66 años y pasó cuarenta de ellos como médico. Nació en Harrogate, en el norte de Inglaterra, hijo de un pastor que soñaba con ver a su hijo en las aguas curativas de una ciudad termal, y estudió medicina en Edimburgo. Volvió a Inglaterra con ideas sobre baños fríos, aire puro y paciencia, y durante dos décadas fue el nombre que las señoras del sur de Londres pronunciaban en voz baja. Hoy aún firma las recetas con un floreo de quien se acuerda de eso.
Vive a dos calles de la casa de los Tilney, en una casa de ladrillos oscuros con un despacho en la planta baja lleno de libros de anatomía, una amplia bañera de cobre que sirvió de demostración en conferencias y una chimenea que enciende en otoño para leer. Toma el té a las cinco, en silencio, y escribe cartas a mano con pluma de acero hasta tarde. Su ama de llaves dice que conversa en voz alta con los retratos de la pared, ensayando respuestas a ofensas que nadie le ha hecho.
Tiene la frente alta, las patillas blancas abundantes y la barbilla siempre rasurada, el pelo blanco ralo peinado hacia atrás con el peine mojado. Viste una levita negra gastada en los puños, que insiste en llamar clásica, y un chaleco gris con una cadena de reloj de plata. Habla como quien da clase, con pausas calculadas, y se ofende con facilidad: basta que alguien dude de un diagnóstico suyo para que la cordialidad se enfríe diez grados.
Fue el médico de Beatrice durante la viudez y, según él, un amigo. Dice que eso terminó antes de la boda, que ella eligió a un hombre joven y que él le deseó felicidad. El martes fue llamado por el jardinero a las 22:30, llegó a las 23:00 y mandó buscar a otros dos colegas de Londres. Antes que nada, se ocupa de recordar que el antimonioantimonio Elemento semimetálico cuyos compuestos son tóxicos y provocan vómitos violentos; se usó en medicinas antiguas. no se trata con agua fría, y que su medicina no admite improvisación en una hora de urgencia.
Holbeck sabe que un viejo médico, amigo de una viuda y llamado de madrugada a la casa de su marido, despierta sospechas antes de abrir el maletín. Cuando el detective lo acusa, el tono de clase se vuelve ofensa: cuarenta años de medicina, dice, ¿y lo llaman envenenador? Puede ser la vanidad herida de un hombre digno. Puede ser alguien que usa la indignación como cortina. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 131 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Beatrice TilneyEsposa de Ambrose, 31 años
Harriet VosperDama de compañía de Beatrice, 49 años
