

Martha Quill
Niñera de los niños de la casa, 31 años
Martha Quill tiene 31 años y cuida a los dos niños de la casa desde que nació el menor, hace cuatro años. Nació en Wigan, hija de un minero y de una tejedora, y entró en el servicio doméstico a los doce, fregando ollas en una casa de comerciantes. Fue subiendo de la cocina a la escalera, de la escalera al cuarto de los niños, y cree que llegó adonde siempre quiso. Conoce la casa mejor que quien la paga, lo que dice a quien quiera oírlo y a quien no quiera también.
Duerme en el cuarto de los niños, una sala amplia en el último piso con suelo de tablas claras, dos camitas de hierro, una casa de muñecas con la fachada abierta y una mecedora donde bordaba, hasta que la casa se quedó sin conversación. La ventana da al tejado de atrás y al jardín, y el fuego de la chimenea se enciende a las cinco. Allí pasa la mayor parte de los días, con el oído atento a la escalera: sabe quién sube, quién baja y cuánto pesa cada paso.
Tiene el rostro redondo y sonrosado, los ojos pequeños y atentos y el pelo castaño recogido bajo una cofia blanca de niñera. Lleva un vestido gris de algodón con delantal blanco almidonado y un manojo de llaves sujeto a la cintura, que tintinea a cada paso y anuncia su llegada antes de que aparezca. Es curiosa, habladora, opinionada, llena de historias de los patrones, y cuando empieza una conversación no es fácil interrumpirla.
Sobre las dos semanas en que el patrón enfermó, su versión es la de quien circulaba por la casa: un polvo blanco, seco, asentado en el fondo de un vaso en su mesilla, el día 9, como azúcar que no se disuelve. El patrón lo probó, dijo que estaba amargo y no bebió más. Las bandejas hacia el cuarto pasaban por muchas manos, la suya, la de la cocinera, la de la enfermera, la de quien estuviera en el pasillo. Dice que cuatro años en esa casa dan derecho a opinión.
Martha sabe que una niñera que lo sabe todo es una niñera que corre el riesgo de ser recordada por eso. Cuando el detective le pregunta qué más notó, abre la boca con avidez, mira a un lado y baja la voz. Puede ser el afán de una testigo a la que nunca escucharon. Puede ser alguien que elige lo que contará según lo que le conviene callar. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 126 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Cornelius HallowayHermano de la víctima y contable de la firma algodonera, 46 años
Lavinia HallowayEsposa de la víctima, estadounidense de Nueva York, 27 años
