Confessd
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La cocina de la casita de ladrillo, con las dalias en la valla
Mabel Fenwick

Mabel Fenwick

Señora del carrito de té, 54 años

Mabel Fenwick tiene 54 años y empuja el carrito del té de la fábrica de lentes desde hace diecinueve. Nació en la propia aldea, hija de una lavandera y de un obrero de la cervecería, y empezó a trabajar a los catorce, pelando patatas en la cantina. Se casó con un cobrador de autobús que murió de neumonía, crio a dos hijos sola y dice que la vida le enseñó que casi todo se resuelve con una taza caliente y una buena palabra. Llama «cariño» a todo el mundo, incluido el director.

Vive en una casita de ladrillo rojo a dos manzanas de la fábrica, con un jardín delantero donde crecen dalias y una valla blanca que repinta cada primavera. La cocina es pequeña y cálida, con una tetera que nunca se enfría, una jarra de barro marrón y un estante de figuritas de cerámica regaladas por hijos y nietos. Los domingos va a la iglesia, vuelve con un bizcocho de frutas y deja porciones en la puerta de los vecinos sin avisar. La artritis de las manos empeora en invierno, y ella no se queja.

Tiene el pelo canoso rizado recogido en un pañuelo azul claro, el rostro rosado y redondo y gafas de montura fina que se le resbalan de la nariz cuando ríe. Lleva un delantal floreado sobre un vestido marrón, las manos hinchadas por el reumatismo y una taza blanca de la que casi nunca se separa. Habla sin parar, se interrumpe para preguntar por los hijos de quien pasa y conoce el gusto de té de cada persona de la fábrica como quien conoce su apellido.

Sobre la rutina que ella comanda, su versión es de reloj: a las 10:00 y a las 15:00, llueva o haga sol, llena el carrito en el pasillo y cada sección viene a buscar lo suyo. Dice que el té, en el fondo, es leche y azúcar y que nada más pasa por ese carrito. Sobre el hombre que murió, lo que recuerda es que peleaba con el proveedor de tornillos y con su equipo de fútbol, y que allí dentro todo el mundo lo apreciaba, incluso los que recibían sus broncas.

Mabel sabe que quien sirve el té es quien está más cerca de todo lo que pasa por la boca de cada uno, y que, en un lugar donde todos enferman, eso pesa en la mirada de los demás. Cuando el detective le pregunta si echó algo en el té, la risa desaparece, las manos se cierran sobre el delantal y la respuesta llega corta. Puede ser el dolor de una mujer maternal a quien llama asesina alguien a quien ayudó a criar. Puede ser alguien que repite lo que conviene decir. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El pañuelo azul claro que recoge el pelo rizado
El pañuelo azul claro que recoge el pelo rizado
El delantal floreado que lleva sobre el vestido marrón
El delantal floreado que lleva sobre el vestido marrón
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 125 de 200.

El caso

Los otros sospechosos