

Hugh Lambert
Médico de la fábrica, 49 años
Hugh Lambert tiene 49 años y cuida la salud de doscientos obreros desde que la fábrica abrió la enfermería. Nació en Surrey, hijo de un clérigo y de una pianista, y se graduó de médico en Londres con distinción, lo que cita cuando conviene y muchas veces cuando no. Pasó por el ejército como oficial de sanidad, se casó una vez, se divorció una vez y eligió la aldea por la promesa de una vida tranquila y un sueldo seguro. Habla en latín de consultorio incluso cuando nadie pidió traducción.
Vive en una casa de piedra con jardín amurallado a la salida de la aldea, donde mantiene un despacho de paredes forradas de libros encuadernados en cuero y una colección de relojes de bolsillo que compra en subastas. Tiene una ama de llaves que viene tres días por semana y un sillón de cuero verde del que no se levanta antes del mediodía los domingos. Toca el violonchelo mal, pero toca. Su perro, un setter rojo, anda por la casa con más dignidad que la mayoría de las visitas.
Tiene el pelo castaño ralo, peinado hacia un lado con cuidado, el bigote recortado y las mejillas enrojecidas de quien disfruta de una buena cena. Lleva chaqueta de tweed marrón sobre chaleco, un estetoscopio colgado del cuello y un pañuelo de bolsillo a cuadros doblado con precisión. Habla pausadamente, en frases largas, y trata al detective como a un paciente terco, con una paciencia fingida y una sonrisa que no llega a los ojos.
Sobre la enfermedad de la fábrica, su versión es la de quien conoce la historia clínica: en el certificado del jefe del almacén escribió inflamación de los nervios, una polineuritispolineuritis Inflamación de varios nervios a la vez, que causa dolor, hormigueo y debilidad, sobre todo en las extremidades., porque le dolían las piernas y le hormigueaban los dedos. La última semana se le cayó el pelo a puñados, lo cual es raro, pero ocurre. Calcula unos cuarenta enfermos en total, entre vómitos, cólicos y temblores, la mayoría mejorando en una semana. El agua se analizó dos veces y estaba limpia como la de una iglesia.
Hugh sabe que el médico de la fábrica es el primero a quien se pregunta por qué tanta gente enfermó sin que nadie supiera la razón. Cuando el detective exige una explicación, recurre al diploma de la pared y a una frase en latín, y la voz se vuelve más alta que la duda. Puede ser la vanidad de un profesional herido en su competencia. Puede ser alguien que prefiere la pompa al silencio porque el silencio revela más. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 125 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Mabel FenwickSeñora del carrito de té, 54 años
Neville ThorneAuxiliar de almacén, 24 años
