

Walter Finch
Maquinista del tren correo, 58 años
Walter Finch tiene 58 años y conduce trenes desde que la locomotora aún era de vapor. Nació en una ciudad ferroviaria del norte, hijo de un fogonero, empezó limpiando ceniza de los hornos a los 15 y ascendió a maquinista después de la guerra. Trata a la locomotora por su número, como quien llama a un caballo por su nombre, y dice que la diésel nueva anda bien pero no tiene alma. Hace la línea del correo nocturno desde hace once años.
Vive en una casa adosada de ladrillo oscuro cerca de la cochera de locomotoras, con su esposa, un gato viejo y una huerta al fondo donde planta patatas y judías verdes. En la sala, su sillón está vuelto hacia la ventana que da a las vías, y en la pared hay una única fotografía enmarcada de la primera locomotora que condujo. Duerme de día, come de noche y lleva la fiambrera de lata envuelta en un paño a cuadros.
Tiene la piel clara y marcada, el pelo blanco ralo y un bigote canoso que se alisa cuando busca la palabra. Desde el jueves lleva una venda blanca en la frente. Viste el mono azul de ferroviario, manchado de aceite en las rodillas y los puños, y sostiene la gorra de maquinista entre las manos todo el tiempo, girando la visera. Es orgulloso, lento para hablar y se ofende cuando alguien duda de su valor.
Sobre la madrugada del robo, su versión es la de un hombre que siguió el reglamento: se detuvo porque la lente del Paso del Molino estaba roja, y el rojo no se discute. Mandó al ayudante al teléfono junto a la vía, y el muchacho volvió diciendo que el cable estaba cortado; para entonces ya era tarde. Cuenta que eran unos quince hombres, de mono y pasamontañas de lana, que hablaban poco, como quien ya ensayó. De la cabeza, dice que son siete puntos y un mareo que no pasa, y que el médico mandó acostarse pero él mandó esperar al médico. Con el campo oscuro y la vía desierta, nadie puede confirmar con certeza lo que vio cada uno aquella madrugada.
Walter sabe que el maquinista que detiene un tren en medio del campo es el primero de quien se sospecha. Cuando el detective le pregunta si se detuvo porque lo había pactado con los ladrones, él señala la cabeza abierta y pregunta cómo puede ser cómplice quien recibió un golpe de barra de hierro. Puede ser la rebeldía de un hombre herido en su propio puesto. Puede ser alguien que muestra la venda para no mostrar otra cosa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 116 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Agnes PollardSeñalista de la cabina de señales más cercana, 44 años
Clive HarrowInspector de seguridad del servicio postal, 49 años
