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La cocina estrecha del chalé de ladrillo, con las tazas en los ganchos
Agnes Pollard

Agnes Pollard

Señalista de la cabina de señales más cercana, 44 años

Agnes Pollard tiene 44 años y desde hace diecinueve trabaja en la cabina de señalescabina de señales Pequeño edificio ferroviario donde un operario maneja las palancas y el panel que gobiernan las señales de un tramo de vía. más cercana al Paso del Molino. Nació en una aldea de piedra del interior, hija de un cartero y de una maestra, y entró en el ferrocarril durante la guerra, cuando faltaban hombres y sobraban palancas. Se quedó cuando los hombres volvieron. Dice que en diecinueve años ningún tren se retrasó por culpa suya y guarda esa cuenta como otras personas guardan fotografías.

Vive sola en un chalé de ladrillo a la orilla de un camino de tierra, a veinte minutos a pie de la cabina, con una cocina estrecha, una estufa de hierro, una tetera que pita fuerte y un jardín de dalias que poda en sus días libres. Estuvo casada, ya no lo está, y no habla de eso. En la cocina, las tazas cuelgan de ganchos siempre en el mismo orden, y el paño de cocina se dobla en tres antes de ir a la barra de la estufa.

Tiene la piel clara y rosada, ojos verdes cansados de quien duerme de día y el pelo castaño ondulado recogido en un pañuelo estampado de florecillas. Lleva un cárdigan de lana azul marino sobre un vestido gris y el brazalete del ferrocarril en el brazo, y casi siempre tiene en la mano una taza de té esmaltada, blanca con borde azul, que lleva de casa. Es metódica y educada, habla de la cabina como de una cocina que ella misma ordena y se ofende cuando alguien insinúa descuido.

Sobre la madrugada del robo, su versión es la del panel: a las 3:00 la lámpara marcaba verde para el Paso del Molino, como en todas las madrugadas, y ella nunca puso esa señal en rojo. Explica que por la cabina pasan once trenes de madrugada, contando los de carga, y que el correo es el más puntual de todos, hasta el punto de que ajustan el reloj por él. Recuerda que el Paso está a dos kilómetros, detrás de la curva del bosque, y que desde la cabina solo ve la lámpara. Con el campo oscuro y la vía desierta, nadie puede confirmar con certeza lo que vio cada uno aquella madrugada.

Agnes sabe que la señalera más cercana a una señal adulterada es la primera de quien se sospecha. Cuando el detective le pregunta si puso la señal en rojo para los ladrones, ella recuerda los diecinueve años sin un tren retrasado y lo invita a buscar sus huellas en cada palanca. Puede ser el orgullo herido de una profesional sin una falta en el libro. Puede ser alguien que habla del panel para no hablar de otra cosa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La taza de té esmaltada que lleva de casa a la cabina
La taza de té esmaltada que lleva de casa a la cabina
El pañuelo estampado de florecillas que le sujeta el pelo
El pañuelo estampado de florecillas que le sujeta el pelo
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 116 de 200.

El caso

Los otros sospechosos