

Clive Harrow
Inspector de seguridad del servicio postal, 49 años
Clive Harrow tiene 49 años y es inspector de seguridad del servicio postal desde hace casi veinte. Nació en Reading, hijo de un empleado de banco y de un ama de casa que quería un hijo abogado, estudió contabilidad por la noche y entró en Correos como revisor de valijas. Ascendió a inspector escribiendo informes que nadie lograba rebatir. Dice que pasó la vida protegiendo el dinero de la Corona y lo dice como quien muestra una credencial.
Trabaja en una oficina de Londres, en el tercer piso de un edificio de piedra oscura cerca de una estación, con una mesa de roble siempre vacía, un archivador de acero gris cerrado con llave y una ventana que da a los tejados mojados. No deja ningún papel sobre la mesa al final del día. Viaja mucho por la línea, en vagón de primera clase, y dice que conoce más estaciones que muchos maquinistas.
Tiene el rostro delgado bien afeitado, ojos grises atentos y el pelo castaño peinado hacia atrás con brillantina. Viste traje de raya diplomática gris oscuro, corbata de seda burdeos y un pañuelo blanco doblado en tres puntas en el bolsillo de la chaqueta. Posa las manos sobre el sombrero de fieltro cuando se sienta, como si este también necesitara vigilancia. Es pulido y frío, responde con vocabulario de informe y trata el robo como un fallo técnico de otros.
Sobre el robo, su versión es la de un funcionario que llegó después: la seguridad postal cuenta el perjuicio, escribe el informe y luego explica a los bancos por qué el ferrocarril dejó que eso ocurriera. Dice que confía en lo que está en el papel y no en impresiones de junto a la vía, y habla de los sacos robados como de cifras en un balance. No ofrece a nadie, sin que se lo pregunten, dónde estaba aquella madrugada. Con el campo oscuro y la vía desierta, nadie puede confirmar con certeza lo que vio cada uno aquella madrugada.
Clive sabe que el hombre que guarda los secretos del vagón de valores es, por eso mismo, alguien de quien se puede sospechar. Cuando el detective le pregunta si planeó el robo, él recuerda sus veinte años de servicio, le manda al detective que anote la pregunta y avisa de que su superior disfrutará leyéndola. Puede ser la indignación de un funcionario ejemplar acusado sin pruebas. Puede ser alguien que se esconde tras el papel para no mirar la pregunta de frente. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 116 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Agnes PollardSeñalista de la cabina de señales más cercana, 44 años
Walter FinchMaquinista del tren correo, 58 años
