Confessd
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La casa de madera gris en New Bedford, con el catalejo de latón sobre la chimenea
Lemuel Stroud

Lemuel Stroud

Capitán y dueño del bergantín Constance, 44 años

Lemuel Stroud tiene 44 años y es capitán y dueño del bergantínbergantín Barco de vela de dos palos, con velas cuadradas en el palo de proa y velas de cuchillo en el de popa. Constance. Nació en New Bedford, hijo de un ballenero, se embarcó de grumete a los 11 años y subió, peldaño a peldaño, de marinero a contramaestre, y de contramaestre a capitán. Compró el Constance hace doce años, con el dinero de una herencia y la ayuda de un banco. Le gusta decir que un barco es como un caballo: solo obedece a quien lo respeta.

Vive con su hermana viuda en una casa de madera gris en New Bedford, en una colina desde donde se ve el puerto. La sala tiene un reloj de caja alta, un mapamundi con los mares dibujados a mano, un catalejo de latón sobre la chimenea y una estantería de cuadernos de bitácora encuadernados en cuero. Huele a alquitrán y a café. Lemuel solo ocupa la casa de diciembre a marzo, y en esos meses su hermana le prepara la sopa de pescado que no dispensa.

Es alto y huesudo, de rostro curtido por el sol y el viento, barba castaña recortada al ras con hebras canosas, ojos grises y hundidos y cejas gruesas. Viste chaqueta de capitán azul marino con botones de latón, sostiene en las manos la gorra de visera negra y lleva un reloj de bolsillo de plata prendido al chaleco. Calmado, de voz grave, habla poco y mide las palabras como quien mide la sonda. Llama al capitán Wentworth mi viejo amigo en cada frase.

Sobre el día 4, cuenta lo que vio la cubierta. A las 13:00, entre las Azores y Portugal, el timonel avistó un bergantínbergantín Barco de vela de dos palos, con velas cuadradas en el palo de proa y velas de cuchillo en el de popa. a seis millas, navegando torcido, con las velas hechas jirones. Mandó al contramaestre en un bote. No había un alma a bordo. Sobre el capitán desaparecido, dice que lo conocía desde hacía quince años, que fue a su boda y que, el mes pasado, sostuvo a la niña en brazos en Nueva York. Cuando el detective afirma que fue tras el barco a propósito, responde que fue tras el viento, como todo marinero, y pide que modere el tono.

Puede ser el dolor sereno de un marino que perdió a un amigo y ganó, por casualidad, un barco vacío. Puede ser la calma entrenada de quien aprendió que, en el mar, la voz firme es la mitad de la maniobra. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El reloj de bolsillo de plata prendido al chaleco
El reloj de bolsillo de plata prendido al chaleco
La gorra de visera negra que sostiene en las manos
La gorra de visera negra que sostiene en las manos
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 177 de 200.

El caso

Los otros sospechosos