

Arlene Sundquist
Azafata que pasó el vuelo 412 al lado del secuestrador, 26 años
Arlene Sundquist tiene 26 años y cuatro de ellos pasados volando como azafata. Nació en Tacoma, hija de una enfermera y de un pescador de salmón, soñó con el cielo desde niña y se presentó a la compañía a los 22, entre cuatrocientas chicas. Vuela seis días al mes entre Portland, Seattle y Reno, y dice que ha visto salir el sol por cada ventanilla de la costa. Por fuera es firme, por dentro, está agotada.
Comparte un piso con dos compañeras de tripulación cerca del aeropuerto, en un edificio de estuco rosa. La sala tiene un sofá cama, un tocadiscos con pocos discos, un calendario de turnos clavado en la nevera y maletas apoyadas en la pared. Las tres chicas dejan notas en la puerta del baño. Arlene se levanta temprano, bebe café en vaso de papel incluso en casa y jura que eso es costumbre de azafata, y no prisa.
Es rubia, de pelo cardado en un moño bajo, ojos azules cansados y el rímel corrido. Lleva el uniforme de azafata de 1971, con chaquetita azul marino, pañuelo rojo al cuello y las alas doradas en el pecho. Sostiene el vaso de café con las dos manos, como quien se calienta los dedos. Habla bajo, sin rodeos, y entrenó la voz para no temblar.
Describe el vuelo 412 con la precisión de quien ha repasado la escena mil veces. A las 15:05, justo después del despegue, el hombre le pasó una nota y le pidió que se sentara a su lado. Abrió el maletín, y ella vio barras rojas, cables y una batería. Pidió 200 mil dólares en billetes de 20 y cuatro paracaídas. Sobre el asiento 18E, recuerda que dejó ocho colillas en el cenicero y una corbata como las que se compran en cualquier gran almacén. Cuando el detective exige saber quién es el hombre, responde que, si lo supiera, ya lo habría dicho, y pide que no grite.
Puede ser la serenidad de quien se entrenó toda la vida para no perder la calma ante ningún pasajero. Puede ser la dureza de quien decidió guardarse lo que más pesa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 175 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Orval OdegaardInstructor de paracaidismo y plegador, dueño de la escuela que proporcionó los paracaídas, 51 años
Merle KostelnikMecánico de hidráulica de los 727 en el hangar de la compañía en Seattle, 44 años
