Confessd
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El piso de dos habitaciones cerca de los muelles, con la ventana al callejón mojado
Merle Kostelnik

Merle Kostelnik

Mecánico de hidráulica de los 727 en el hangar de la compañía en Seattle, 44 años

Merle Kostelnik tiene 44 años y catorce de ellos pasados en la hidráulica de los 727 de la compañía. Nació en Spokane, hijo de un ferroviario de ascendencia checa, sirvió en el ejército en Corea y volvió para trabajar con las manos. Arregla tren de aterrizaje, flapsflaps Superficies móviles en el borde trasero de las alas que se bajan para dar más sustentación al volar despacio., escalerilla trasera, todo lo que se mueve con aceite. Dice que trabaja bien y cobra mal, como todos allí, y que el aumento le fue negado tres veces.

Vive en un piso de dos habitaciones, en el segundo piso de un edificio de ladrillo cerca de los muelles de Seattle, con una cocina minúscula, una mesa de formica, un sofá de muelles gastados y una ventana a un callejón de ladrillos mojados. Mantiene una nevera vacía, un televisor pequeño siempre encendido en los noticiarios y un cesto de ropa limpia sobre la silla. Solo, cena una lata de frijoles y escucha la lluvia.

Es achaparrado, de hombros anchos, piel morena clara, pelo castaño ralo con entradas hondas y ojos castaños. La mandíbula cuadrada siempre tiene barba de dos días. Viste camisa blanca arrugada, sin corbata, bajo una chaqueta oscura barata, y tiene las uñas con grasa negra. En el dorso de una mano, una tirita. Callado, seco, resentido, responde sin mirar a los ojos, como quien calcula cuánto falta para volver al hangar.

Sobre el hombre que saltó, opina con sarcasmo: pienso que llovió toda la noche y que la compañía tiene seguro. Doscientos mil dólares para ellos son cambio de café. El resto, dice, no es asunto suyo. Cuando habla del trabajo, se relaja un poco y describe la hidráulica como quien describe a una mujer difícil. Cuando el detective lo acusa de haber enterrado el dinero, le manda que baje la voz.

Puede ser el resentimiento honesto de un obrero que se siente robado por la vida, y no por el cielo. Puede ser la frialdad de quien eligió cada palabra antes de entrar en la sala. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La fiambrera de metal que lleva al hangar todos los días
La fiambrera de metal que lleva al hangar todos los días
La llave de ajuste de la hidráulica que lleva en el bolsillo
La llave de ajuste de la hidráulica que lleva en el bolsillo
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 175 de 200.

El caso

Los otros sospechosos