

Orval Odegaard
Instructor de paracaidismo y plegador, dueño de la escuela que proporcionó los paracaídas, 51 años
Orval Odegaard tiene 51 años y salta en paracaídas desde 1944. Nació en una granja de trigo en el este de Washington, hijo de noruegos que nunca entendieron por qué el muchacho quería tirarse de un avión que funcionaba. Se alistó a los 24, saltó en la guerra, volvió con un cinturón de navaja, una medalla que no usa y un apetito insaciable por el viento. Abrió la escuela de paracaidismo hace doce años y enseña a estudiantes, bomberos y veteranos que quieren sentir el cielo otra vez.
Vive en una casa de madera pintada de blanco, al borde de un campo de aterrizaje, a veinte minutos de la ciudad. Tiene un porche con mecedora, una pila de leña, un perro viejo y una cocina que huele a café recalentado. En la sala colgó fotografías de promociones antiguas y un mapa de Washington con alfileres. Cena casi siempre de pie, junto a la cocina, escuchando la radio.
Es alto, huesudo, de rostro rojo y curtido por el sol, nariz enrojecida y pelo canoso cortado al rape. Lleva chaqueta de aviador de cuero marrón gastado sobre camisa de cuadros, pantalón caqui y botas de tacón, y habla alto, como quien siempre grita por encima del motor. Rudo, orgulloso, trata a los paracaídas como a hijos y no admite crítica a ninguno.
Sobre los paracaídas que mandó al avión, explica lo que el jugador querrá saber: cuatro, como pidieron, dos de espalda y dos de reserva de pecho. En Reno quedaron el deportivo nuevecito, dirigible, y una reserva abierta a cuchillo. El hombre se llevó el militar antiguo, de apertura inmediata. El deportivo es mejor, pero quien saltó en el ejército coge lo que el cuerpo conoce. Cuando el detective exige saber para quién dobló ese paracaídas, responde que fue para la compañía, que pagó, y pide calma.
Puede ser la rudeza de un veterano que se ofende ante cualquier duda sobre su oficio. Puede ser la defensa de quien aprendió a no explicar lo que ocurre en su propia escuela. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 175 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Merle KostelnikMecánico de hidráulica de los 727 en el hangar de la compañía en Seattle, 44 años
Arlene SundquistAzafata que pasó el vuelo 412 al lado del secuestrador, 26 años
