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El despacho en Bloomsbury, con estantes de originales atados con cordel
Roderick Wraxall

Roderick Wraxall

Agente literario de Leonora desde 1919, 51 años

Roderick Wraxall tiene 51 años y siete de ellos pasados como agente literario de Leonora Vesey. Nació en Cheltenham, hijo de un pastor anglicano, estudió en Oxford sin terminar la carrera y entró en el mundo editorial como lector de originales, en una casa de Bloomsbury. A los 44 abrió su propia agencia, con una mesa, una secretaria y una pasión que los conocidos describen como obsesiva. Habla de libros como quien habla de caballos de carreras, y apuesta por ambos.

Trabaja en una sala de techo alto en el primer piso de un edificio de ladrillo en Bloomsbury, con ventanas a una plaza de plátanos, estantes hasta el techo llenos de originales atados con cordel, un escritorio de roble y una alfombra persa gastada, donde camina de un lado a otro cuando negocia por teléfono. Un samovar de latón hierve en un rincón, y la secretaria trae té a cualquier hora. En Londres, vive en un piso sobre la misma plaza.

Es muy alto, de casi dos metros, delgado y algo encorvado de tanto pasar por puertas bajas. Tiene el rostro largo, bigote fino canoso y pelo canoso peinado hacia atrás con brillantina. Viste traje de raya diplomática gris oscuro, abrigo de lana negro, polainas y lleva en la mano una pitillera de plata, que abre y cierra mientras habla. Encantador, hablador, tiene la costumbre de inclinarse para escuchar, y de reír en el momento justo.

Representa a Leonora desde 1919, cuando seis editores habían devuelto su primera novela. Cuenta que pasó siete años llevando el manuscrito de puerta en puerta y que nadie en este mundo cree más en ella que él. Sobre la novela nueva, dice que es lo mejor que ha escrito, y que los críticos torcieron el gesto ante el final. Un libro que divide se vende despacio, pero los buenos siempre encuentran su público. Cuando el detective exige que diga dónde está escondida, le pide que baje la voz y dice que, si lo supiera, estaría allí ahora.

Puede ser la lealtad de un profesional que arriesgó su nombre por una autora en quien siempre creyó. Puede ser el encanto de quien vende, y sabe vender, hasta su propia preocupación. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La pitillera de plata que abre y cierra mientras habla
La pitillera de plata que abre y cierra mientras habla
Las polainas grises que nunca deja de usar
Las polainas grises que nunca deja de usar
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 174 de 200.

El caso

Los otros sospechosos