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El despacho estrecho de la casa gris, con las cajas de cartón y el teléfono de disco
Merritt Kinsella

Merritt Kinsella

Oficial de contrainteligencia de la agencia de inteligencia extranjera, apartado bajo sospecha, cuñado de Garland, 54 años

Merritt Kinsella tiene 54 años y es oficial de contrainteligenciacontrainteligencia Trabajo de detectar y frenar a espías extranjeros que intentan robar secretos de un país o de sus organismos. de una agencia de inteligencia extranjera, apartado del cargo desde 1999. Nació en Buffalo, hijo de un guardia ferroviario, entró en la agencia a los 23 tras una maestría en historia rusa y pasó tres décadas leyendo cartas, telegramas y quejas. Fue quien más tiempo dedicó a cazar al espía que firma Marfil, hasta convertirse en el sospechoso.

Vive en una casa de madera pintada de gris a tres manzanas del parque, con un despacho estrecho lleno de cajas de cartón que su mujer le pide que tire. Su teléfono está pinchado, su coche es seguido, y ya se ha acostumbrado a saludar a la furgoneta aparcada en la esquina. Camina cada noche por el sendero del parque, dando el rodeo largo por el monte, y dice que es la única hora en que nadie pregunta nada.

Es delgado y canoso, con barba corta sin afeitar, ojos cansados con ojeras hondas y una boca que parece siempre a punto de soltar una ironía. Lleva un cortavientos azul marino sobre un jersey de cuello alto, pantalón caqui y deja las manos metidas en los bolsillos. Es seco, repite las mismas respuestas con la paciencia de quien ya está cansado, y solo se anima cuando el tema es la carta de Marfil.

Sobre el domingo, su versión es la de un hombre de rutina: entró en el sendero a las 19:10, dio el rodeo largo y se detuvo unos minutos en el puente, como siempre. Sabe que los chicos de la vigilancia lo anotaron todo, porque lo esperan en el puente todos los días. Dice que nunca recibió un centavo de nadie, y que solo su cuñado sigue invitando a su familia a la barbacoa.

Merritt sabe que el hombre que cazó a Marfil y luego se vio cazado tiene el peor de los escenarios: quien acusa mucho acaba acusado. Cuando el detective lo acusa de haber dejado el paquete bajo el puente, dice que dos años de vigilancia nunca encontraron nada porque no hay nada y amenaza con levantarse de la silla. Puede ser la rabia de quien solo quiere limpiar su nombre. Puede ser alguien que guarda un secreto menor para esconder otro. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El cortavientos azul marino que lleva en las caminatas
El cortavientos azul marino que lleva en las caminatas
La parrilla del patio del cuñado, donde se reúne la familia
La parrilla del patio del cuñado, donde se reúne la familia
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 162 de 200.

El caso

Los otros sospechosos