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El piso minúsculo en Arlington, con la bicicleta colgada de la pared
Callie Brennick

Callie Brennick

Asistente del supervisor de seguridad informática, 27 años

Callie Brennick tiene 27 años y es asistente del supervisor de seguridad informática desde enero. Nació en Dayton, Ohio, hija de una maestra de primaria y de un mecánico de aviones, estudió informática en una universidad estatal y entró en el buró por oposición, lo que repite con orgullo a quien insinúa que la recomendaron. Gana poco, conoce el sistema mejor que mucha gente por encima de ella y no se pierde una conversación de pasillo.

Vive en un piso minúsculo de Arlington, con una bicicleta colgada de la pared, una tetera eléctrica que pita demasiado y una planta que se olvida de regar. Pedalea hasta el metro todos los días, almuerza siempre sentada a la mesa y llega al noveno piso con el pelo húmedo de lluvia o de sudor. Por la noche lee novelas de espionaje con la misma ironía con que trabaja, y cuenta que el trabajo real es mucho más aburrido que el de los libros.

Es pelirroja, de pelo corto y desfilado, con pecas en la nariz y gafas de montura gruesa roja que suben y bajan según habla. Viste una rebeca verde musgo sobre blusa blanca y prende la credencial del buró en el bolsillo. Habla deprisa, repara en todo, termina las frases de los demás y se defiende de la timidez con sarcasmo. Tiene la manía de etiquetar todo con una rotuladora de mano, hasta los bocadillos.

Sobre el trabajo, su versión es objetiva: se ocupa de la agenda del jefe, de los disquetesdisquete Disco plástico cuadrado y delgado, usado en computadoras antiguas para guardar archivos, con una carcasa rígida y una ventanita metálica. y de los registros del sistema, y lo describe como un reloj, con misa a las 6:30 y salida a las 17:00. También comenta, sin alterarse, que la cámara del pasillo del jefe está apagada desde el 8 de enero, por un pedido de él sobre el zumbido. No le gusta que la llamen asistente de confianza, pero es lo que es.

Callie sabe que una asistente joven, con acceso a los registros y a la contraseña del jefe, es la elección más cómoda de un buró que quiere un culpable barato. Cuando el detective dice que usó la contraseña para vender la lista, ella responde que se ocupa de los registros y sería la primera en ser atrapada, y llama perezosa a la pregunta. Puede ser la seguridad de quien no tiene nada que temer. Puede ser alguien que usa la ironía para esconder un desliz pequeño. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Las gafas de montura gruesa roja que suben y bajan cuando habla
Las gafas de montura gruesa roja que suben y bajan cuando habla
La rotuladora de mano que usa hasta en los bocadillos
La rotuladora de mano que usa hasta en los bocadillos
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 162 de 200.

El caso

Los otros sospechosos