

Brigitte Sauvage
Enfermera jefa del banquero, 46 años
Brigitte Sauvage tiene 46 años y desde hace nueve manda sobre los siete enfermeros del ático como enfermera jefa del banquero. Nació en Dijon, hija de un tipógrafo y de una profesora de piano, y eligió la enfermería a los 17, tras ver a su abuela consumirse sin que nadie supiera explicar la medicina. Habla en horarios y dosis, no soporta la improvisación y cree que casi todo error de hospital es un error de reloj.
Vive en un piso de dos habitaciones en Beausoleil, en la ladera detrás del puerto, con vistas a tejados de teja naranja y un balcón minúsculo donde cultiva romero en latas de aceite. Dentro, todo huele a jabón de Marsella: sábanas planchadas con raya, una cómoda con cajones etiquetados en su mente, una mecedora que su padre mandó desde Dijon. Toma el café sin azúcar, de pie, en la cocina, y se acuesta a las diez, cuando el turno lo permite.
Es delgada y de postura muy recta, de rostro fino y serio, pelo castaño canoso recogido en un moño apretado y ojos cansados en los que el rímel nunca se queda en su sitio. Lleva uniforme blanco bajo un abrigo azul marino, un reloj de solapa prendido al pecho y una carpeta de historias clínicas apretada contra el cuerpo. Habla bajo y sin pausa, y termina las frases como quien cierra un cajón.
Sobre la noche del incendio, su versión es la de una profesional: repartió los medicamentos de las 21:00, revisó la historia clínica, cerró el apartamento y dejó al patrón con los compañeros de la noche, y solo volvió cuando la portería la llamó. Del hombre que cuidó durante nueve años tiene una sola palabra para describirlo: generoso y asustado. El Parkinson le quitó las manos, dice, y el miedo al secuestro le quitó el resto. Con el ático cerrado y ninguna cámara arriba por orden del patrón, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno durante la madrugada.
Brigitte sabe que quien tiene el código de la habitación blindada es el primer nombre que la policía escribe. Cuando el detective sugiere que dejó al patrón encerrado para morir, la voz se le seca y le manda que se quede en su sitio. Puede ser la dignidad de quien le cambió el pañal al paciente cuando nadie más lo hacía. Puede ser alguien que corta la conversación justo cuando se acerca a otro asunto. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 154 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Garrett PruittEnfermero estadounidense del turno de noche, exparacaidista, 41 años
Lucien OrsattiJefe de seguridad de la familia, exgendarme corso, 55 años
