

Garrett Pruitt
Enfermero estadounidense del turno de noche, exparacaidista, 41 años
Garrett Pruitt tiene 41 años y saltó en paracaídas durante doce de ellos, antes de cambiar el ejército por guardias de enfermería. Nació en Fayetteville, en Carolina del Norte, hijo de un sargento y de una cocinera de cantina, y aprendió a arreglárselas solo en cuarteles de varias ciudades. Habla como un soldado, llama jefe al patrón y se describe como el único de la casa que sabría defenderlo. En seis semanas ganó la mejor paga diaria de su vida y no esconde el miedo de perderla.
Vive, desde que llegó al principado, en una habitación de pensión alquilada por meses, en un edificio de esquina donde el ascensor solo sube y el baño se comparte en el pasillo. Cama de hierro, hecha con precisión de cuartel, una bolsa de lona siempre cerrada, una barra de hierro fijada en el marco de la puerta para hacer dominadas y una sartén pequeña en la que prepara huevos a las tres de la tarde. Llama a su madre los domingos, a cobro revertido, y dice que la nostalgia es un tipo de peso que se aprende a cargar.
Es alto y de hombros anchos, de pelo castaño cortado al rape, bigote recortado y mentón cuadrado con la barba sin afeitar. Cambia la camisa blanca de enfermero por una camiseta gris del ejército en cuanto puede, y anda con la postura de quien todavía marcha mentalmente. Gesticula mucho, habla alto y puntúa todo con un ¿entiende? al final de la frase, como quien aún da órdenes dentro de un avión.
Sobre la noche del ático, su versión es la de un hombre que se enorgullece de su trabajo: seis semanas con el jefe, la mejor paga que ha visto, y la certeza de que, si alguien tenía que proteger a ese hombre, era él. Cuando le preguntan por el incendio, aparta el tema con voz firme. Con el ático cerrado y ninguna cámara arriba por orden del patrón, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno durante la madrugada.
Garrett sabe que el enfermero novato, extranjero, del turno de noche, es el tipo de persona en quien la policía piensa primero y a quien cree en último lugar. Cuando el detective sugiere que inventó la historia, el tono de soldado sube, mira su pierna y dice que no acepta desconfianza de quien nunca ha visto un disparo. Puede ser la indignación de un hombre que se jugó la vida por otro. Puede ser alguien que habla alto para que nadie repare en otra cosa. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.


Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 154 de 200.
El caso
Los otros sospechosos
Brigitte SauvageEnfermera jefa del banquero, 46 años
Lucien OrsattiJefe de seguridad de la familia, exgendarme corso, 55 años
