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El apartamento de techos altos en el centro de Kiev, con el péndulo
Myron Tkach

Myron Tkach

Subdirector del servicio de seguridad, 54 años

Myron Tkach tiene 54 años y desde hace veinticinco trabaja en la parte del Estado que prefiere no aparecer. Nació en Leópolis, hijo de un profesor de física y de una bibliotecaria, y estudió derecho antes de ser reclutado para el servicio de seguridad en los últimos años del régimen anterior. Ascendió en cada reorganización, siempre un peldaño por encima de quien caía, y hoy es subdirector. Habla poco, lo oye todo y responde a casi toda pregunta con otra, en un tono que nunca sube.

Vive en un apartamento de techos altos en el centro de Kiev, en un edificio antiguo de fachada ocre, con paredes forradas de estanterías, un reloj de péndulo que ajusta cada mañana por la radio y un sillón de cuero vuelto hacia la ventana. Todo está en su lugar exacto, los libros en orden alfabético, el té servido a las cinco, la luz apagada a las once. Su esposa viaja mucho, los hijos viven fuera, y él dice preferirlo así. Tiene una casa de campo fuera de la ciudad, donde recibe a amigos.

Es alto y delgado, de rostro alargado, bien afeitado, con el pelo canoso corto peinado de lado y gafas de montura fina dorada. Lleva un traje gris oscuro de corte antiguo con corbata burdeos, un reloj de pulsera de acero y manos finas y muy limpias, que rara vez mueve al hablar. Tiene una expresión calmada y fría, de quien no se sorprende por nada, y una cortesía que no calienta a nadie.

Sobre el hombre que vino a cenar, su versión es la de un viejo amigo: son veinte años de trato, de antes de la política. El candidato venía hablando mal del servicio en los mítines, y él quiso mostrar que no es su enemigo. La cena fue agradable, rieron, brindaron por la salud del invitado, que vino sin escoltas y salió a medianoche, caminando derecho. Considera que la hospitalidad es un deber y que quien la cobra como sospecha no entiende lo que es la amistad.

Myron sabe que un funcionario del servicio, dueño de la casa en que el candidato enfermó tras la cena, es el primer nombre que el detective escribirá. Cuando llega la pregunta, junta las puntas de los dedos, inclina la cabeza y le pide al detective que cuide el tono. Puede ser la dignidad de un hombre acostumbrado a ser tratado con respeto. Puede ser alguien que no necesita levantar la voz porque aprendió a prescindir de ella. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

Las gafas de montura fina dorada
Las gafas de montura fina dorada
El reloj de pulsera de acero que nunca deja de ajustar
El reloj de pulsera de acero que nunca deja de ajustar
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 130 de 200.

El caso

Los otros sospechosos