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El apartamento de un dormitorio, con el mapa rayado en la pared
Larysa Bondar

Larysa Bondar

Jefa de campaña de Bohdan, 41 años

Larysa Bondar tiene 41 años y convierte los deseos de los votantes en columnas de porcentajes. Nació en Járkov, hija de una profesora de estadística y de un ingeniero metalúrgico, y estudió sociología con especialización en encuestas de opinión. Montó una pequeña empresa de sondeos a los treinta, trabajó en tres campañas y desde hace un año dirige la del candidato de la oposición. Habla en números y porcentajes, duerme cuatro horas por noche y jura que cada voto tiene un motivo que nadie quiere oír.

Vive en un apartamento de un dormitorio en el sexto piso de un edificio soviético reformado, con un sofá cama que nunca se cierra, una mesa plegable cubierta de carpetas de cartón y una cafetera italiana siempre caliente. En la nevera hay yogur y sobras de comida a domicilio. Las paredes son blancas y desnudas, salvo por un gran mapa del país, rayado con bolígrafos de colores, que actualiza todos los días. Duerme vestida, con el móvil junto a la cabeza.

Es delgada, de rostro anguloso, con el pelo castaño claro cortado a lo bob y ojeras hondas que el corrector ya no esconde. Lleva un blazer naranja sobre una blusa negra de cuello alto, con un broche redondo de campaña en la solapa, y se come las uñas hasta el hueso. Tiene el habla rápida de quien hace tres cosas a la vez, sonríe brevemente y mira la hora cada cuarenta segundos, como si cada pregunta fuera un retraso.

Sobre el candidato, su versión es la de quien lo conoce por dentro: la mañana siguiente a la cena, se despertó con un dolor de espalda que no lo dejaba sentarse, el rostro empezando a hincharse, y dijo que la sopa de la víspera sabía a metal. Los médicos de Kiev hablaron de intoxicación alimentaria. Ella estuvo en contra de la cena desde el principio y dice que la tregua pedida era una trampa política, no un gesto de amistad.

Larysa sabe que la jefa de campaña, que vive de saber lo que quiere cada persona, es la primera a quien se pregunta quién gana con la enfermedad del candidato. Cuando el detective exige una explicación, ella mira el móvil, se come una uña y responde con una estadística. Puede ser la prisa legítima de una profesional en medio de una campaña. Puede ser alguien que se esconde tras los números para no responder a la pregunta. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El blazer naranja que se volvió el color de la campaña
El blazer naranja que se volvió el color de la campaña
El broche redondo de campaña en la solapa
El broche redondo de campaña en la solapa
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 130 de 200.

El caso

Los otros sospechosos