Confessd
Volver
La cocina de la casita azul, con los manojos de hierbas en el techo
Oksana Melnyk

Oksana Melnyk

Cocinera de la casa de campo, 58 años

Oksana Melnyk tiene 58 años y cocina como quien defiende un territorio. Nació en una aldea cerca de Poltava, hija de una ordeñadora y de un tractorista, y empezó a ayudar en el fogón de su madre a los siete, removiendo ollas subida a un banquito. Se casó joven, enviudó a los cuarenta y dos, crio a dos hijos y desde hace once años trabaja en una casa de campo a las afueras de Kiev. Habla con las manos, llama muchacho a todo el mundo, incluso a los de pelo canoso, y jura que nadie sabe lo que es comida de verdad.

Vive en una casita de madera azul en la aldea vecina, a diez minutos en bicicleta de la casa de campo, con un huerto de coles, manzanos torcidos y una cerca de varas. Su cocina tiene una estufa de leña forrada de azulejos blancos, manojos de hierbas secas colgados del techo, un banco largo junto a la pared y un gato viejo que duerme sobre el pan. Los sábados recibe a los nietos y les da de comer hasta que no pueden moverse. La televisión está siempre encendida y casi nunca mirada.

Es una mujer robusta, de rostro redondo y colorado, con el pelo canoso recogido en un pañuelo floreado atado en la nuca. Lleva un delantal blanco bordado en rojo sobre un vestido marrón de lana, tiene las manos grandes y callosas de quien amasa desde hace cincuenta años y una mirada desconfiada, que se estrecha cuando alguien prueba la comida sin elogiarla. Habla alto, discute con el fogón, el reloj y la radio, y rara vez pierde la discusión.

Sobre la cena del 5 de septiembre, su versión es de cocinera: borsch con crema agria, ensalada de remolacha, pierogipierogi Empanadillas de masa fina con relleno salado o dulce, como patata, típicas de Europa del Este. de patata y cangrejos de río, todo preparado desde las seis de la mañana. El patrón es hombre de reloj, dice: va en bicicleta a buscar el pan a las siete, cena a las ocho y nunca pisa su cocina. La vajilla buena se guarda en el armario de la despensa, y es ella quien se ocupa de la vajilla y los cuencos de la casa, solo ella, nadie más.

Oksana sabe que la cocinera es la primera a quien se pregunta cuando alguien se siente mal después de comer, y que su cocina está siendo registrada por primera vez en once años. Cuando el detective le pregunta qué sirvió y a quién, la voz sube, la mano corta el aire y la frase termina con un chasquido de lengua. Puede ser el orgullo herido de una profesional. Puede ser alguien que, tras el alboroto, guarda un detalle que no sabe cómo decir. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

El pañuelo floreado atado en la nuca
El pañuelo floreado atado en la nuca
El delantal blanco bordado en rojo
El delantal blanco bordado en rojo
Jugar

Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 130 de 200.

El caso

Los otros sospechosos