Confessd
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La cocina de la casa adosada en Lambeth, con la radio sobre la nevera
Vernon Pike

Vernon Pike

Taxista de la parada del extremo sur del puente, 58 años

Vernon Pike tiene 58 años y conduce un taxi negro por los puentes de Londres desde los 24. Nació en Bermondsey, hijo de un estibador y de una lavandera, y hizo el Conocimiento, el examen memorizado de las calles de la ciudad, en dos años de bicicleta, anotando nombre por nombre. Le gusta decir que, si la ciudad desapareciera un día, él la redibujaría de memoria. Conoce a todos en la parada de la cabecera sur del puente y todos lo conocen a él.

Vive en una casa adosada en Lambeth, de ladrillo oscuro, con una cocina estrecha donde su mujer cocina y él habla. Tiene una tetera de esmalte siempre caliente, una radio sobre la nevera y un sillón hundido frente a la televisión pequeña. En el patio, una pila de latón donde antes había un parterre, y un gato naranja que nadie sabe de quién es. Los domingos lleva a los nietos al parque y cuenta siempre las mismas historias de pasajeros famosos, que nadie puede confirmar.

Tiene el pelo canoso ralo, bajo una gorra de tweed, el rostro ancho con papada y la piel enrojecida de quien pasa la vida entre el sol y la calefacción del coche. Lleva un cárdigan marrón con botones de cuero sobre una camisa a cuadros, un periódico doblado en el bolsillo y los dedos amarillentos de nicotina. Es hablador y bromista y empieza toda respuesta hablando del tiempo, incluso cuando la pregunta es sobre otra cosa. Detrás de la broma tiene la mirada de quien guarda detalles.

Sobre el jueves en que murió el presentador, su versión es la de quien estaba en la parada: un sol de justicia, algo raro en septiembre, sin una nube desde el Parlamento hasta la catedral, y el Támesis brillando como un plato lavado. Esperaba pasajeros, como hacía cada final de tarde. Conoce de vista al hombre del bigote de la radio, que toma el autobús allí todos los jueves, y dice que quien pasa por esa cabecera todos los días acaba sabiendo más de la vida de los demás de lo que querría.

Vernon sabe que un taxista parado en una parada es un testigo por obligación y, para la policía, un sospechoso por falta de algo mejor. Cuando el detective le pregunta por qué estaba parado en vez de circulando, la broma tarda medio segundo más de lo normal. Puede ser el orgullo de un hombre que no gusta de dar explicaciones. Puede ser alguien que usa la conversación como cortina. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La gorra de tweed que usa en cualquier estación
La gorra de tweed que usa en cualquier estación
El cárdigan marrón de botones de cuero
El cárdigan marrón de botones de cuero
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 124 de 200.

El caso

Los otros sospechosos