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El taller del 3.º piso, con la lámpara sobre el banco de trabajo
Lorna Vance

Lorna Vance

Joyera con taller en el 3.er piso del edificio, 36 años

Lorna Vance tiene 36 años y tiene un taller de joyería en el 3.º piso del mismo edificio que las cajas de seguridad. Nació en Brixton, en el sur de Londres, hija de una costurera y de un conductor de autobús que llegaron de Jamaica, y aprendió el oficio con un viejo engastador de piedras que necesitaba a alguien con dedos finos y paciencia. Abrió su propio taller a los 30, con un préstamo y un entusiasmo que, según ella, rindió más intereses que el préstamo.

El taller es una sala estrecha de techo bajo, con un banco de madera marcado por mil rasguños, un soplete pequeño, alicates colgados por tamaño en un panel de corcho y una lámpara articulada que pasa más horas encendida que apagada. Lorna trabaja por encargo, alianzas, arreglos, engastes, y dice que una joyera pequeña vive de arreglar lo que la gran joyería vendió. Habla de sus vecinos de planta como de una familia malhumorada: doce joyeros, dos relojeros y un grabador de alianzas que solo aparece por la tarde.

Tiene la piel negra, el pelo rizado recogido en un pañuelo de estampado rojo y una lupa de joyero sujeta a la frente, que baja sobre el ojo cuando quiere dejar de mirar a alguien. Lleva un delantal de cuero marrón sobre un suéter gris raído y tiene los dedos marcados por pequeños cortes. Las ojeras son hondas. Es rápida, irónica y a la defensiva, responde con una broma y cambia de tema cuando la conversación se acerca a su vida.

Sobre el feriado, cuenta lo que oyó: un zumbido, como de dentista, subiendo por el suelo del edificio en la madrugada del viernes y de nuevo el sábado por la noche, hasta que amaneció el domingo. Pensó que era una obra en el edificio vecino. En la cámara del sótano, dice, no guardaba nada, porque una caja en la cámara es para quien tiene qué guardar, y ella tiene un banco de trabajo, una lupa y facturas. Con el edificio cerrado de jueves a martes, nadie puede confirmar con certeza dónde estaba cada uno durante el feriado.

Lorna sabe que quien oyó el ruido también tendrá que explicar por qué estaba lo bastante cerca para oírlo. Cuando el detective sugiere que los ladrones entraron por su taller, la ironía llega antes que la rabia: por la ventana del tercer piso, con una escalera de bomberos, y además le manda al detective que escriba novelas. Puede ser el humor de quien ya oyó demasiadas acusaciones en la vida. Puede ser alguien que bromea para no tener que responder. El detective tendrá que decidir cuál de las dos.

La lupa de joyero que baja sobre el ojo
La lupa de joyero que baja sobre el ojo
El pañuelo de estampado rojo que le sujeta el pelo
El pañuelo de estampado rojo que le sujeta el pelo
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Los casos se desbloquean en orden, como niveles. Este es el caso 113 de 200.

El caso

Los otros sospechosos